Violencia simbólica (inspirado en la sociología de Pierre Bourdieu)





Diluir las violencias implica comprender que estas, están en el lenguaje,
Es en las relaciones humanas donde la violencia es ejercida, en los contactos humanos cotidianos la violencia está presente;
Cuando existe imposición de ideas, creencias, ideologías, actos,
Cuando normalizamos nuestra forma de ver las cosas y creemos que el resto debe compartirla, de lo contrario serán excluidos y vistos como enfermos psíquicos, enfermos sociales, enfermos culturales, enfermos económicos, enfermos políticos, enfermos mentales, pobres, incultos, salvajes... Cada vez que excluimos, discriminamos, enjuiciamos, censuramos, todo aquello que no piense como nosotros, estamos ejerciendo la peor de la violencia porque es una violencia ideológica, simbólica.

No tenemos que compartir las mismas ideas, ni la misma manera de pensar el mundo y la realidad, no tenemos que entrar en las mismas competencias ¡Podemos tener la razón sin estar de acuerdo! Tenemos una historia distinta, un origen diverso. Esto marcaría un inicio hacia la salud de la sociedad y una transición hacia formas más elevadas y liberadas de acercarnos al amor y la verdad, si es que hay alguna.

Soy violencia simbólica cuando reproduzco relaciones de imposición ideológica sobre otros; cada vez que censuro, juzgo y desapruebo a otros, por no seguir los esquemas de vida que yo considero correctos, normales y lógicos. Cada vez que impongo mi verdad, mi voluntad y mi decisión sobre otros para lograr el propósito que persiguen mis propios beneficios e intereses (aunque incluyan al otro), estoy ejerciendo violencia simbólica.

En el momento en que te cuestionas las violencias que reproduces, que haces a otros y que permites que otros te hagan a ti, en ese momento de ejercicio político crítico de sí, se empiezan a confrontar, posteriormente aceptar y luego diluir y trascender gran parte de las creencias, condicionamientos socioculturales o ataduras psíquicas que han mantenido e impedido que el despliegue de tu Ser suceda por la vida con más naturalidad, originalidad, espontaneidad, expansión... una vida al servicio de tus propios talentos diversos compartidos, está siendo un nuevo nacimiento.

Cuando rechazas, culpas, juzgas, censuras y criticas algo del otro, no sólo estás violentando al otro y anulando su diferencia, su historicidad cultural, sino también estás violentándote a ti mismo, al excluir y rechazar dentro de ti, a todo lo bello que afuera y en el otro rechazas y no aceptas.

Hemos caído en el juego, la imposición ideológica pretende normalizar un discurso de poder para que este sea reproducido en la cultura y en la sociedad garantizando así un mismo sistema de orden social y de control, cohesión, administración, poder y hegemonía. Es decir, la manera como interpretamos y entendemos la realidad social está viciada por un condicionamiento sociocultural, una imposición reproductora de violencias en donde se mantienen y hegemonizan un mismo sistema de control y de realidad social, lo problemático es que es cada vez más asimétrico y por tanto, de dominación, omi. El engranaje requiere demasiada energía y actores para mantener este delirio de disputar por la hegemonía.

La sociología Bourdiana implícitamente deja en entredicho que el sistema de sociedad como Campo o espacio social se reproduce infinitum, que la disputa por la hegemonía está siempre presente y por tanto la reproducción de un modelo de sociedad asimétrico, jerárquico, de dominación y subordinación, es la ideología del sistema mismo. Un sistema mismo que reproducen las personas a través de la incorporación de la cultura a través de las instituciones, en un interminable ir y venir de administraciones que se disputan la hegemonía pero no están dispuestos a trascenderla como modelo de sociedad, eso vendríamos siendo los sujetos; seres condicionados que se disputen las hegemonías. Cómo diría Emilio Carrillo, “es un disparate, no hemos encarnado aquí para ello”.

Comprender como funciona la sociedad como maquinaria ideológica te permite comprender que el condicionamiento no sólo ha sido psíquico (como lo ha pronunciado clásicamente la psicología) sino también sociocultural, económico y político (como lo anuncian las teorías críticas de la sociología y otras ciencias sociales), espiritual, sutil, cósmico (como lo han anunciado otras visiones místicas excluidas del discurso del saber dominante). Somos una cadena de reproducción de un canibalismo depredador que hacia arriba y hacia abajo, parece desconocer límites. La brecha entre desarrollo económico y pobreza e inequidad social es cada día más asimétrica, más marcada, exponencialmente asimétrica, y los estilos de vida representan cada vez más esclavitudes sofisticadas ¡un sujeto en cautiverio a voluntad!, el esclavo integral como también se le conoce, el humano en el cautiverio del dinero por el dinero, el humano es un títere de la oferta y la demanda, por miedo a resistirse a este status quo, y por olvido del recordar que no existe la única y legitima realidad y verdad, y que es preciso que existan tantas sociedades, culturas y subjetividades y estéticas como personas existan.

Las diferencias siempre han representado para el modelo dominante un problema que condiciona la cohesión social que buscan y la introyección en ese sistema de un puñado de ideas y verdades con las cuales montar una obra de teatro cualquier que se cree como única posible. Desde el liberalismo y la conformación del Estado, se ha hecho necesario homogeneizar y normalizar las diferencias étnico culturales, para formar así un solo molde en el cual todos se estructuren, se subordinen y se someten, o experimentar el exilio, la exclusión, la crítica destructiva, la censura social; el orden del estado y las instituciones se ha encargado de dividir a la sociedad en dos: “la buena sociedad”, la sociedad de los normales, los identificados con la escala de valores, creencias e imaginarios sociales que reproducen un orden dominante; y la “mala sociedad”, la sociedad de los enfermos, los que se resisten a la incorporación de esta escala de creencias, valores e imaginarios, por considerarlos ajenos a su realidad sociohistórica, los que no se pueden ajustar al molde de los normales”, es decir, al orden del sistema dominante y hegemónico de turno.

Pensar las diferencias étnico culturales como brechas que es preciso homogeneizar, ha configurado la creencia del “déficit civilizatorio” que lleva a creer que los sujetos, los grupos, los pueblos y las sociedades que no se ajustan fácilmente a las lógicas del poder dominante, necesitan ser culturizadas, civilizadadas, evangelizadas, regeneradas en su raza, salvadas; esta fue la ideología del Colonialismo, fue posteriormente la ideología del Liberalismo y ahora, luego de varias mutaciones que ha tenido el modelo de sociedad hegemónico, continua siendo la ideología de la posmodernidad; la violencia simbólica.

En Grecia Antigua era vital el ejercicio político del autoconocerse, pero no ha sido plenamente ese enfoque el que ha reinado en Occidente, ha sido el pensamiento romano, guerrerista, militar, invasionista, colonialismo, totalitarista, formador de Estados, un mundo social creado por hombres y para hombres, la mujer ha sido desterrada mística, social y políticamente, es un sistema de permanente disputa por la hegemonía y el mantenimiento de lógicas de imposición y dominación. el que hayamos normalizado y naturalizado esta dominación no quiere decir que no esté allí, y que no seamos producto de ese condicionamiento sociocultural, psicológico, y más aún, no quiere decir que no estemos ejerciendo la violencia simbólica.

La filosofía Griega llevaba como estandarte el ideario metafísico del ¡Conócete a ti mismo! Y a partir de allí se configuro un sistema de sociedad que en su momento representó la hegemonía dominante, pero era una hegemonía que se cuestionaba, se revisaba reflexiva y críticamente. Hoy, en la posmodernidad, el sujeto actual ha dejado ese imaginario y a caído en otros, como por ejemplo en el imaginario de los mercados donde el sujeto mismo es un producto sujeto a las leyes de la oferta y la demanda. Este nuevo ideario se está configurando como discurso normalizado culturalmente estableciendo un orden de sistema de sociedad y cultura depredador y consumista, económicamente canibalista, ha excluido todas las demás variables sociales y culturales y se ha identificado con la ideología de la economía como pilar de todas las formas de vida humana. Es un condicionamiento sociocultural, la reproducción del mismo sistema de sociedad jerárquico, disciplinatorio, homogeneizador que se reproduce y reproduce desde hace milenios, cambian los escenarios y las prácticas pero la ideología de fondo, sigue siendo la misma; dominación.

Cuestionar al ciudadano moral que hemos sido, a la persona prejuiciosa que todo lo valora a través de su norma, cuestionar al censurador que no puede tolerar la diferencia del otro, de lo otro, cuestionar ese criterio de verdad con el que como racero medimos todo y a todos, es empezar a cuestionar la violencia simbólica, y por tanto la reproducción de un mismo sistema de sociedad violento. No somos máquinas condicionadas con un chip, no somos animales culturales domesticables, no somos enfermos cognitivos ni herejes del orden establecido, somos humanos con capacidad de reflexión y sentido crítico, podemos cuestionar nuestros condicionamientos socioculturales, podemos aceptar que hemos sido esclavos, reproductores de mentiras y de repeticiones y repeticiones y repeticiones de experiencias que se dan por no cambiar la forma de hacer las cosas, por miedo a asumir nuestra cuota de responsabilidad y libertad existencial en todo lo que experimentamos.
   
Las hegemonías de turno diseñan esquemas de sociedad que benefician su perspectiva compartida sobre la vida y el mundo, y que calzan solamente bien para ellos mismos que son quienes han tenido una historicidad y un contexto de origen y de vida específico, pero generalizar, normalizar esto como ley para que la sociedad en su totalidad funcione así, es un atropello. Es un atropello por ejemplo creer que todas las personas, grupos, sociedades y culturas deban transformarse en empresa y empresarios, en mercado, es un atropello contra la diversidad del mundo, de las culturas, de las sociedades y del ser humano mismo.

No se trata de salir a derrumbar los muros afuera, a veces eso es lo que los Estados buscan para montar su teatro de terror y desviar la atención sobre lo realmente importante.
Se trata más bien de derrumbar los muros dentro, cuestionar los imaginarios heredados ya prendidos reconociendo que el condicionamiento no hay sido sólo psicológico sino también sociocultural y político; aquello que has creído y defiendes como verdad, como lo normal, como lo lógico, como lo correcto, que debe ser y a lo que todos deben ajustarse, es una mentira, es parte de un complejo juego social de poderes y hegemonías.

La violencia simbólica está todo el tiempo presente cada vez que el encuentro con el otro no representa una construcción de respeto y un compartir de diferencias de puntos de vista, sino una imposición de creencias y de formas de hacer las cosas.

¿Ya te reconociste dentro de esta violencia simbólica?

Lo correcto no siempre es lo socialmente aceptado, "lo normal". Date el permiso de experimentar un espacio crítico de libertad, reconoce la violencia simbólica.

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