Un mundo para otros; la paradoja del vivir en el afuera
El ego tiene sus trampas y sus
sutiles evasiones, cada vez que buscamos crear un mundo para otros o pretender
llevarles a esos cambios y beneficios procurando transformarles; ese lindo y "bienintencionado" proyecto nos muestra finalmente que nuestro ego en su sutil prepotencia,
dependencia e inatención, nos sorprende nuevamente para regalarnos la más linda
de las enseñanzas; el mundo y el cambio que queremos para otros, es el mundo y
el cambio que precisamente necesitamos aplicar en sí mismos, sin necesidad de hacer mucho ruido afuera. Y este aprendizaje es tanto más real y más coherente si asumimos sea por vocación y/o por camino de evolución espiritual, el encargarnos de ser guías o facilitadores para otros.
El estar atentos, el estar en la quietud del propio Ser, nos permite comprender finalmente que ese mundo y ese cambio pretendido para otros, es precisamente, para nosotros mismos. Se trata del respetar a los otros y sobretodo, del respetar nuestra propia energía y ser conscientes
de las maneras como la desparramos y despilfarramos en proyectos y quimeras
egotistas, aparentemente altruistas, aparentemente benevolentes, del pretender cambiar a otros; el últimas, cada Ser es un camino que trasciende el tiempo y el espacio que conocemos, cada Ser tiene el fuego interior para encenderse a sí mismo independientemente del tiempo que ello toma, de las vidas que ello tome y de los caminares largos y espirituales que cada quien elige. Entender en el silencio, la respiración y la atención consciente, de esta quimera y ficción de la mente humana, nos permite empezar a amarnos a sí mismos y a verdaderamente amar a los otros en su unicidad y en su divinidad interior que cada Ser es.
Se trata de acomodar las cosas,
ubicarlas en su lugar, recoger la energía nuestra desparramada y dispersa por
ahí y darle otro rumbo, reenfocarla, despojar a los otros de la energía que en ellos y en ellas hemos depositado para empezar a vivir más libres y menos volubles, menos dependientes, menos implicados inconscientemente, enredadamente; se trata del entender desde el amor que los mundos, los cambios y las intenciones de transformación que volcamos hacia otros, sólo tiene efecto si entendemos que la intención, el cambio y la transformación es personal.
En ese regocijo del comprender
con valentía, amor y conocimiento que toda esta película que se llama mundo, que se llama vida, que se llama universo, que se llama espíritu, es un propio caminar que cada Ser llega y en donde aunque eternamente nos juntamos para regalarnos maestrías de entendimiento, el camino de universo es personal. El entendimiento amoroso, sincero y sin resistencias, nos muestra como en este juego no venimos a transformar nada ni a nadie más que a nosotros mismos, emprendiendo esa tarea, es como los otros y el afuera, también cambian. Nadie puede enseñar ni orientar maestrías que no tenga ya evolucionadas dentro de sí mismo. Es un llamado a la coherencia, a la humildad, al entendimiento y naturalmente al silencio y la quietud del Ser como condición para encender desde dentro.
En una cotidianidad de
inconsciencia, de miedo, de ira, de culpa, de violencia… de miedo… de distracciones, de dios dinero, de dios religiones, de dios poder... de separación, de polaridad, de conflicto... de miedo... en esa realidad de ficción cada día a día nos reprogramamos antinaturalmente abandonándonos a nosotros mismos, perdiendo nuestros Centro, pero curiosa y paradójicamente, empezamos también a pretender ocuparnos de lo ajeno, de otros, de una forma no amorosa ni compasiva sino descarada, extraviada y violenta, egoista tanto para los otros como para nosotros mismos; esa intención aparentemente buena, aparentemente sana, aparentemente benéfica, nos trae una repetición permanente de sufrimiento y desconcierto, se trata del sufrimiento y la desolación del mirar hacia fuera y perdernos allí los unos a los otros. Nadie cambia a nadie, nadie transforma a nadie, sin antes haberse transformado y haberse encendido a sí mismo, los demás, es ficción del ego, descuido de la propia casa, del propio Ser, abandono del espíritu que cada uno es... y en esa ficción nos jugamos como humanidad eso que llamamos amor, que no es amor, es miedo, es apego, es sufrimiento.
¿Cómo amar a otros si no nos hemos amado profundamente a sí mismos? ¿Cómo encender a otros si no sabemos cual es el camino a casa, si no sabemos retornar al propio Ser para desde allí ordenar las cosas y encendernos, despertar el fuego interior? Dificilmente encontraremos las respuestas, los regocijos, la luz y el fuego interior si mantenemos distraídos, en medio de un ruido monumental que nos embota y nos dopa. El miedo a sí mismos nos mantiene distraídos en el afuera, de allí radica nuestro sufrimiento y extravío espiritual.
Pretender crear un mundo para otros es la paradoja del vivir en el afuera, distrayendo la divina oportunidad de realmente volcarnos hacia sí mismos y asumir con tranquilidad la verdadera responsabilidad y oportunidad que tenemos: el recoger nuestra energía dispersa en los otros, y en un movimiento de conciencia, entendimiento y amor, volver hacia sí mismos, volcarnos hacia dentro y encendernos como debe de ser. Todo lo demás, está demás, es despilfarro.
¿Cómo amar a otros si no nos hemos amado profundamente a sí mismos? ¿Cómo encender a otros si no sabemos cual es el camino a casa, si no sabemos retornar al propio Ser para desde allí ordenar las cosas y encendernos, despertar el fuego interior? Dificilmente encontraremos las respuestas, los regocijos, la luz y el fuego interior si mantenemos distraídos, en medio de un ruido monumental que nos embota y nos dopa. El miedo a sí mismos nos mantiene distraídos en el afuera, de allí radica nuestro sufrimiento y extravío espiritual.
Pretender crear un mundo para otros es la paradoja del vivir en el afuera, distrayendo la divina oportunidad de realmente volcarnos hacia sí mismos y asumir con tranquilidad la verdadera responsabilidad y oportunidad que tenemos: el recoger nuestra energía dispersa en los otros, y en un movimiento de conciencia, entendimiento y amor, volver hacia sí mismos, volcarnos hacia dentro y encendernos como debe de ser. Todo lo demás, está demás, es despilfarro.

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