La psicología positivista como tecnología social al servicio del modelo económico capitalista
La
psicología positivista como tecnología social al servicio del modelo económico
capitalista
“Quien dijo que todo está perdido,
Yo
vengo a ofrecer mi corazón”
Fito Páez
¿De qué manera la psicología positivista
es una tecnología social al servicio del modelo capitalista neoliberal?
El ejercicio de la psicología sea
pensada como ciencia, como tecnología o como arte, tiene implicaciones
políticas directas porque ejerce un poder sobre la subjetividad del otro, y
este poder puede ser usado para la liberación y emancipación o para su
dominación, adoctrinamiento y domesticación.
I.
El
hombre moderno del capitalismo financiero neoliberal
Actualmente el modelo económico capitalista financiero y su representación
política en lo que hoy se conoce como neoliberalismo,
se establece como sistema imperante, dominante y hegemónico que ejerce sobre la
libertad del sujeto un régimen de dominación. Este régimen tecnifica y optimiza
toda práctica humana para que sean más efectivas en términos de rentabilidad,
productividad y desarrollo de capital, de este modo el sujeto es visto como una
cosa o un producto más a explotar y consumir y para configurar tales fines es adoctrinado
ideológicamente a través de dispositivos o tecnologías sociales como la educación
y las psicologías positivistas. Las tecnologías sociales son dispositivos de
poder ideológico que influyen en la configuración de los tipos de relaciones
sociales económica, política e ideológica que establece el sujeto en la cultura
y la sociedad (Paredes 2018).
El modelo económico del capitalismo
financiero y su representación política en el neoliberalismo propenden por
tecnologías sociales que faciliten y sean vehículos para insertar en la cultura
un sistema de ideologías afines al modelo del capital, por ello, se orientan por una psicología más técnica que
aborde al humano en términos instrumentales; de allí el recurrir al Positivismo[1]
para entender al sujeto desde el marco de referencia de la ciencia matemática y
física y sus campos derivados como las ciencias naturales específicamente la
biología y su hija la medicina (y la psiquiatría), porque facilitan el explicar
al sujeto como un mecanismo empírico, comprobable, objetivo y predecible que
sea precisamente más maleable, más adoctrinable, más adaptable al modelo de
sociedad capitalista. Al abordar al sujeto como un fenómeno netamente natural y
biológico es posible abordarlo objetivamente en términos de salud/enfermedad,
esta lógica anula subjetividades e historicidades porque estas experiencias
humanas no pueden clasificarse como “enfermas” o “sanas”, de igual manera no pueden
medirse, cuantificarse ni generalizarse porque las experiencias humanas son
únicas y multiversas.
Dado que el malestar del sujeto no es abordado
como una expresión de su subjetividad y su modo de ser en el mundo, sino como un
elemento patógeno que necesita ser extirpado, modificado y reparado porque
interfiere con el engranaje productivo de la sociedad del capitalismo. Aquí la psicología
entiende a un sujeto desde el marco de las ciencias naturales y en razón de
ello se vale de lógicas empiristas positivistas para intervenir al “sujeto enfermo”
que es preciso repararlo y optimizarlo para hacerlo más adaptable, funcional y
productivo; está ejerciendo una influencia política de adoctrinamiento y
domesticación sobre el sujeto.
Para el capitalismo financiero el sujeto
es una mercancía generadora de capital, la sociedad es una gran industria (Mattelard 2002) y la cultura es un dispositivo
simbólico, ideológico y normativo en donde se inyectan sistemas de creencias y valores que irán configurando el ideal de hombre moderno que es el
proyecto psicológico del discurso capitalista y su representación política
neoliberal.
La ideología cultural del sujeto
capitalista es establecer relaciones sociales económicas desde la rentabilidad
y la explotación, relaciones sociales políticas desde el poder para dominar y
someter, y relaciones sociales ideológicas desde el manipular y adoctrinar (Paredes 2018); este es el sistema de valores,
creencias e ideologías que el discurso capitalista va inscribiendo en la
cultura y la sociedad; las relaciones humanas
pasan ahora a ser relaciones instrumentales.
Nadie se relaciona con nadie sino a partir del análisis del costo –
ganancia que se obtendrá, las relaciones se hacen instrumentales, siempre en
pro de una finalidad o de un beneficio implícito. En esa misma línea procurar
explotar al otro es una protección y garantía para no ser explotado. Hablamos
de una relación social económica basada
en la explotación, lo cual lleva a pensar en una lógica perversa y narcisista,
maquiavélica.
Una vez instrumentalizadas las
relaciones sociales del sujeto, es posible entonces pensarlo como un proyecto
de optimización rentable, productivo y eficiente. Para que dicha optimización
tenga lugar no sólo basta haber instrumentalizado sus relaciones sociales
económicas haciéndolas relaciones de explotación, sino también se requiere
instrumentalizar sus relaciones sociales políticas e ideológicas.
II.
Explotando
la libertad: La idea de hombre libre que esclaviza
al hombre moderno
El capital económico ha obedecido la
lógica del más explotador; en países suramericanos durante el feudalismo era el
gamonal aristócrata quien a través de milicias tipo guardias pretorianas[2]
ejercía coacciones y violencias sobre el campesinado para cobrar impuestos y
otros beneficios económicos que les enriquecían de manera ilegal.
Tras la revolución industrial este
modelo de economía de la explotación y la inequidad dio paso al liberalismo
capitalista, el cual modificó el sistema de relaciones económicas y productivas
llevando la disputa no entre el gamonal y el campesino sino entre el jefe
burgués (o clase alta dirigente dueña de la fábrica) y el proletariado (o clase
trabajadora). Aquí ya la lógica de explotación se da entre el empresario
capitalista y el proletariado obrero; el antes aristócrata y burgués es ahora
capitalista jefe dueño de la fábrica que ejerce una economía de explotación basada
en la plus valía o excedente libre que enriquece al empresario y esclaviza al
trabajador; ese excedente libre que queda en poder del empresario capitalista es
usado para invertir más y para la usura o renta; esto lleva a una distribución
radicalmente inequitativa de la economía, dando lugar a desigualdad social,
formas de esclavitud y la necesaria lucha de la clase trabajadora (Paredes 2018).
Dicha lucha de la clase trabajadora
empezaba a tomar fuerza comunista que amenazó el orden capitalista llevando a
este a una mutación en su fórmula; para Byung Chul Han (Chul Han 2014) fue el neoliberalismo quien permitió el transito entre el
capitalismo amenazado y el neo capitalismo o capitalismo financiero actual.
Con la llegada de la modernidad y la tecnología como baluarte, las dinámicas de
trabajo y explotación cambiaron, se hicieron más tecnificadas (Jean 1978). La globalización generó un
estandarte de cultura y modelo de sociedad patrón común entre naciones y
continentes basado en la apología al mundo digital, el ideal del hombre moderno
o sujeto empresario; el liberalismo liberó al capitalismo de las manos de unos
pocos para que este pudiera estar al alcance de todos, la mutación del sujeto
trabajador al sujeto empresario marcó el inicio de la evolución del
capitalismo, el capitalismo financiero y su modelo político el neoliberalismo;
Una tecnología ultra tecnificada y ultra sofisticada para seguir la dinámica de
explotación, dominación y manipulación del sujeto.
Es altamente sofisticado el modelo
capitalista financiero y su neoliberalismo, ya que es producto de una mutación
de sí mismo y por ello, tiene la fórmula para reciclarse y reconstruirse a sí
mismo. Este modelo sabe que la idea de hombre libre y en proyección a ser rico llena
los vacíos históricos, intelectuales y espirituales de los humanos y desde allí
se les puede seguir esclavizando ya no desde la coacción o fuerza externa (como
lo hacía el capitalismo, en donde el jefe explota al trabajador) sino a partir
de una coacción o fuerza interna, ideológica, es ahora el sujeto capitalista el
que se esclaviza a sí mismo a partir de un sistema de creencias, valores e
ideologías impresos en la sociedad, se trata de una cultura ya no capitalista
sino neocapitalista en donde el sujeto es esclavo de sí mismo y la
psicopolítica que en él recae; el pensarse la vida en términos de acumulación
de capital económico para así consumir y de esta manera realizarse.
Esta es la explotación de la libertad
del sujeto del capitalismo financiero y su neoliberalismo, el cual es un modelo
económico, político e ideológico que se recicla y se reconstruye a sí mismo en
cada revolución del sujeto (Chul Han 2014).
El sujeto es explotado por un régimen
dominante que ocupa el lugar del poder para la Dominación, posteriormente el
sujeto esclavizado se rebela y de la mano de un poder para la Liberación se
emancipa, pero finalmente se restituye el lugar del poder que corrompe almas y
nuevamente lo que antes fue modelo de liberación y emancipación pasa a ser un
régimen totalitarista, hegemónico y fascista, nuevamente el sujeto está
atrapado en un sistema económico, político e ideológico que le asfixia y mutila
libertades y subjetividades; Este es el modelo capitalista neoliberal. Si este
modelo en sus extremas puede ejercer un régimen totalitarista, hegemónico y
fascista, entonces la guerra es un elemento también implícito; guerra para mantener
la hegemonía y guerra para luchar contra esa hegemonía y buscar vencerla para
reemplazarla por otra fuerza que en su momento será una hegemonía y ocupará el
lugar del opresor, en un permanente ir y venir del mismo patrón.
Desde este modelo económico y de
sociedad, las relaciones sociales políticas son relaciones de poder que es
ejercido por el modelo neocapitalista para la dominación y el sometimiento, en
esa misma línea las relaciones sociales ideológicas están orientadas en pro de
la manipulación y el adoctrinamiento.
III.
La
psicología positivista como dispositivo psicopolítico capitalista
Ideológicamente, se ejerce una acción
psicopolítica para manipular y subyugar al sujeto a través de un sistema de
creencias y valores insertados en la cultura que como escuela de la sociedad
adoctrina y domestica para que el modelo permanezca intacto y el sujeto
capitalista y empresario no deje de pensarse en esos términos. Los aparatos de
control y vigilancia como la familia, educación, las religiones, y también
volvemos al caso, las psicologías positivistas, transmiten y retroalimentan el
discurso imperante, el sistema de valores, morales, y creencias que generan
identidad y que irán a orientar las prácticas y relaciones del sujeto. Este
sistema de creencias determina lo que es aceptado e ideal y lo que no lo es,
establece unas distinciones marcadas y así por ejemplo a nivel político todo lo
que haga referencia al patriarcalismo, la religión, la guerra, los posturas
conservadoras y represivas, son valores culturales y de sociedad, pero de
manera contraria lo que tenga que ver con diversidades, libertades políticas,
religiosas e ideológicas, equidad social y de género, el cese de la explotación
vía la producción de conocimiento y filosofía para romper el consumismo, son
todas tesis rechazadas, anuladas, silenciadas la mayoría de veces de manera
violencia por el sistema dominante, ejerciendo de esta manera el fascismo.
La psicología positivista vista como
tecnología social, lleva implícita la psicopolítica del capitalismo neoliberal.
Lleva implícito el sistema de valores científico de las ciencias naturales y
atienden a un sujeto no a partir de su todo singular y fenomenológico, sino a
partes de sus comportamientos, esquemas de pensamiento, mecanismos,
condicionamientos, patrones, lo aborda a partir de sus partes constitutivas, la
psicología positivista sigue los principios aristotélicos, inductistas,
empiristas y positivistas de culto a lo clasificable, lo observable, lo medible,
lo cuantificable, lo predecible, lo objetivo (Chalmers 1990).
Bajo ese orden de ideas la subjetividad
se anula porque se aborda a un sujeto a partir de los comportamientos,
pensamientos y mecanismos que lo componen y no a partir de la significación,
subjetividad e historicidad que en sí mismo es el sujeto. Hablamos de una
psicología que aborda a un sujeto a partir de una teoría que ha sido
generalizada y que permite darle rigurosidad a la psicología como técnica, pero
obvia y el entender la realidad del sujeto como experiencia y arte en sí mismo;
subjetividad, pregunta por el deseo, experiencia de la propia ética, las
psicologías positivistas al anulan esto ejercer un poder político hacia el otro
desde la dominación y el sometimiento.
El sujeto se somete al marco de
referencia de la psicología que a su vez viene de la tecnología de la medicina,
hija de las ciencias físicas y ciencias naturales (Paredes 2018), la cual trae
como baluartes un sistema de creencias y valores médicos fundamentados en lo
enfermo y lo sano, lo funcional y lo disfuncional, lo adaptativo y lo
desadaptativo; es una tabla de valores que de entrada concibe al sujeto como
algo que reparar y modificar, el sujeto
descentrado, disfuncional, desadaptativo, trastornado, no asertivo, no
productivo y no eficaz, es preciso intervenirlo para optimizarlo; las
psicologías positivistas son tecnologías sociales que abordan a un sujeto que
es visto como máquina de procesamiento de experiencias que puede ser
intervenido desde la clínica, para modificarle.
En algún punto histórico, conceptual e
ideológico, las psicologías positivistas en busca de la optimización y
objetivación del sujeto y el régimen económico y de control de mercados
dominante en busca del hombre moderno capitalista, se encuentran para
configurar una cultura globalizada en donde en sus ideologías descansa el ideal
de sujeto empresario, el proyecto del Yo optimizado y eficiente, al
sujeto capitalista que entiende y profesa sus relaciones sociales
económicas, políticas e ideológicas, desde una perspectiva instrumentalista y
cosificante. Ese es el diseño de sujeto que se busca configura la cultura
moderna actual.
Las psicologías positivistas radicales
son dispositivos de control y vigilancia psicopolítica, su objetivo es influir
en la subjetividad de las colectividades para normalizar, naturalizar y
generalizar algunas prácticas neoliberales capitalistas como por ejemplo la
idea de que hay que ser más adaptable, más eficiente, más asertivo, más
intelectual, más tecnificado, para competir en el mercado de los sujetos
empresarios. Este sistema de creencias, valores e ideologías que tienen como
fin el hacer del sujeto un objeto productivo generador de capital como ideal de
libertad, poder y progreso, este sujeto establece relaciones sociales
económicas basadas en la explotación y el mercantilismo, relaciones sociales
políticas desde el uso del poder para dominar y someter, y relaciones sociales
ideológicas basadas en la manipulación y la domesticación. El modo de relación
que establece el dispositivo tecnológico social de las psicologías positivistas
son en su mayoría relaciones de ejercicio de un poder para adoctrinar y domesticar
más que para subvertir y liberar al sujeto.
Las psicologías positivistas son en su mayoría tecnologías sociales al servicio
del capitalismo financiero y su modelo de política neoliberal que busca
domesticar al sujeto para explotarlo en todas sus dimensiones desde el
consumismo.
IV.
La
psicología positivista como tecnología social para el adoctrinamiento
El discurso capitalista financiero y sus
tecnologías sociales no ejercen un poder subversivo y liberador sobre el sujeto
para aprehenderlo y emanciparlo de sus dependencias, más bien ejerce un poder político
subyugante y domesticante al querer objetivizarlo, optimizarlo, homogenizarlo.
No se reconocen las subjetividades porque recurren a métodos explicativos y estadísticos
traídos de las ciencias de la matemática, la física y sus continentes como las
ciencias naturales y la biología, estas ciencias procuran encontrar leyes
generales y universales que expliquen los fenómenos y con base en ello hacer
predicciones; de esta manera el sujeto es valorado como un objeto que obedece a
ciertas leyes y principios que no sólo determinan su actuar sino que también
incluso puede predecirlo. Por esta vía el sujeto se convierte en objeto y se
homogeniza para poder controlarle y de vez en vez, intervenirlo para modificar
lo patógeno y descentrado en él, el sujeto es tratado en términos de
salud/enfermedad. Las psicologías como tecnologías sociales fundamentadas en el
positivismo radical, son Téchnes (Agazzi 1997) en términos de Evandro Agazzi diseñadas para ejercer una psicopolítica que
adoctrina y refuerza el ideal del hombre moderno, el sujeto empresario,
domesticado y cosificado.
La tecnología inmersa en la cultura y la
sociedad, no sólo está sujeta a la materialidad, lo mecánico, lo artificial, a
los artefactos y los instrumentos, la tecnología también es social y en este
sentido cumple una función similar a la del lenguaje (Rammert 2001); también como el lenguaje, la tecnología sirve para
sostener la realidad construyéndola; la tecnología construye la realidad
material realizándola. La tecnología está continuamente modificando la cultura
y la sociedad.
La psicología como
Téchne social ejerce un poder de influir sobre la subjetividad y
psíquica del otro, ya sea para subvertirlo y emanciparlo en relación a sus
dependencias y esclavitudes, o ya sea para imponerle y domesticarle
adoctrinándolo en un nuevo sistema de creencias, valores e ideologías aceptadas
por la cultura, el modelo de sociedad y la economía capitalista y de mercados imperante.
En el primero de los casos se respetarán subjetividades y con ello libertades,
en el segundo no, aquí se atropella al sujeto en su singularidad y unicidad, se
atropellan libertades, el sujeto se convierte en un objeto homogenizado,
estandarizado y objetivizado, se convierte en el sujeto empresario (Paredes 2018).
Un sujeto optimizado,
manipulado
y domesticado que es rentable para el régimen económico imperante; el
neoliberalismo capitalista (Chul Han 2014); este
sujeto empresario ya no es esclavo de un feudo ni de un jefe, ahora es esclavo
de sí mismo, de su propia marca, de su Yo como proyecto; ahora el sujeto es
esclavo de la necesidad imperante de la producción y acumulación de capital económico
como única garantia para sostener el consumo de objetos y tecnologías que lo
encierran en circuito de goce y degradación.
Las psicologías con una episteme más
hermenéutica y fenomenológica pueden aprehender y ejercer un poder más
liberador sobre el sujeto ya que abren otras sensibilidades de comprensión para
captar la manifestación mítica, fantástica, mágica, artística, sagrada, mística
y psíquica que habita en cada subjetividad. Por otra parte, también el
psicoanálisis a partir de una episteme del deseo, reivindica el lugar de la
subjetividad; el psicoanálisis le hace resistencia al discurso capitalista.
V.
Seduciendo la libertad
Con el feudalismo la
libertad del sujeto le pertenecía al jefe feudal, con el liberalismo y su
producto el capitalismo la libertad del sujeto ahora le pertenecía al jefe
empresario, y en esa misma linea de explotación de la libertad, el capitalismo
muta al capitalismo financiero o neoliberalismo para ponerse al servicio del
sujeto y devolverle sus libertades antes alienadas para que este pueda por si
mismo, ser su propio jefe, el propio empresario de sí mismo; el neoliberalismo
y su modelo económico de capitalismo financiero seduce al sujeto con el
imaginario de volverlo capitalista si usa su “libertad” para ampliar
su capital económico y lograr con ello la garantía del poder gozar de los objetos
cosas que prometen despertarle el sentimiento oceánico Freudiano (Freud 1929 [1930]) que le darán satisfacción, elixir
de plenitud, sentido, unidad, realización y trascendencia. Pero no es así.
En esa lógica de
transformar al sujeto es una cosa cada vez más adaptativa, más eficaz, más
eficiente, más competitivo, más multifuncional, más, más, más… ¡Más optimizado!
Se va configurando una cultura capitalista neoliberal que retroalimenta permanentemente
el sistema de creencias, valores e ideologias que le hacen apologia al goce. En
el discurso capitalista se mueve el sujeto empresario que configura una cultura
y una sociedad de la adición y la adicción; el sujeto empresario cada vez
quiere acumular más, producir más, consumir más, explotar más… el sujeto
capitalista o sujeto empresario necesita estar permanentemente actualizándose, modificándose,
optimizándose, perfeccionándose para ser el amo de un estilo de vida del cual
es sólo un esclavo, que se esclaviza a sí mismo.
Trayendo a colación a
Amelia Haydeé Imbriano en su obra La Odisea del
siglo XXI, Efectos de la globalización (Imbriano
2010):
“¿Cuál es el estatuto del deseo y el goce en la
civilización contemporánea? La producción de una alquimia de deseo a goce y la
mutación consecuente entre el sujeto deseante por el sujeto gozante representa
la odisea de la civilización contemporánea. Esa odisea, ese pasaje del sujeto
deseante al gozante se destaca por la primacía del discurso “estilo”
capitalista”[3].
No sólo el
psicoanálisis como ciencia del inconsciente sino también las psicologías como
tecnologías sociales, estan llamadas a ejercer un poder liberador no
autoritarista que busque emancipar al sujeto de toda forma de dependencia,
esclavitud y domesticación. De allí que pensados de esta manera estos
dispositivos o tecnologías sociales son subversivas para el discurso
capitalista.
El hombre moderno, el
sujeto capitalista o sujeto empresario, está permanentemente en domesticación
para que sea un engranaje más de la sociedad la cual es definida por Mattelard
(Mattelard 2002) como un gran aparato industrial, como una industria, en ella,
el sujeto es una función estandarizada dentro del engranaje del trabajo y la
jerarquia de la sociedad. El sujeto se hace una pieza sustituible conforme no
encaje, conforme no se adapte, conforme no funcione, conforme se considere
enfermo, conforme no tenga la suficiente calidad o no sea lo suficientemente
competitivo. Desde esta mirada la psicología positivista es una tecnología
social que aborda a un sujeto con el fin de modificarlo
y en esa lógica adoctrinarlo para transformándolo en un mejor sujeto empresario
de sí mismo, más concretamente un sujeto objetivo frente a sí mismo, una
máquina sobre la cual invertir. Este movimiento clínico y psiquico es una
psicopolítica que lleva implícita una posición de superioridad en el saber, un
autoritarismo directo.
Las Téchnes
positivistas (para hablar en término de Evandro Agazzi) incluyendo dentro de
ellas a muchas psicologías que hoy gozan de prestigio en la actual era
capitalista financiera, están al servicio de una psicopolítica (Chul Han 2014)
de la domesticación, intervienen un sujeto que es considerado como
disfuncional, desadaptativo y enfermo que es preciso reparar, modificar,
hacerlo pasar por el dispositivo de la clínica para que allí sea intervenido
para extraer de su pensamiento, comportamiento e ideologías, el virus, el
cáncer psíquico, lo descentrado, la piedra en el zapato que se opone como
obstáculo en el ideal del sujeto de ser más productivo, más eficaz, más
asertivo, más multifuncional, más competitivo, más funcional, más adaptativo,
más, mas, mas…. ¡Optimizarlo!.
Las tecnologías sociales capitalistas
imprimen programaciones ideológicas en la cultura y la sociedad que irán
configurando una forma de ver la realidad, esta realidad moderna está
viabilizada por un sistema de valores y creencias basados en el ideal del
sujeto empresario en donde se hace imprescindible abordar a un sujeto
disfuncional, desadaptado y descentrado en sus pensamientos y conductas, que
es preciso repararle para que se adapte e inserte fácil y rápidamente al estilo
de vida de la eficiencia y la productividad (Chul Han 2014).
La mayéutica socrática procura hacer
parir una verdad en el otro o en términos de Heidegger (Rammert 2001), procurar develar lo oculto de sí , y así abrirle al
sujeto la puerta y la posibilidad de acceder al conocimiento de sí y develar
desde allí su propia ética. La psicología está llamada a ejercer un poder
emancipador, está llamada a ser subversiva, nunca adoctrinadora; el sujeto es
ante todo un lugar de saber.
El llamado es no sólo ver al sujeto desde
el positivismo y abordarlo como objeto sino también volver a la ciencia y a la
pregunta filosófica, esto supondría un paso del sujeto como tecnología al
sujeto como ciencia de la mano del arte como dispositivo de subjetividades,
éticas y deseos.
“Podemos reducir al
sujeto a sus pensamientos, comportamientos,
Condicionamientos,
mecanismos y automatismos.
Podemos incluso
medir y cuantificar todo ello,
Buscar modificarle,
optimizarlo, adoctrinarle para hacerlo más funcional y adaptativo.
Pero jamás será posible
reducir el hecho fundamental de que el sujeto
Es esencialmente un
ser interpretador de sí mismo”.
Dreyfus
Hubert
Conclusión
El
modelo económico capitalista financiero y su representación política en el
neoliberalismo propenden por una instrumentalización del sujeto con el fin de
objetivarlo y abordarlo como un insumo, capital o un producto más a explotar y
generar mayor optimización, funcionalidad, efectividad, productividad y
rentabilidad. Para lograr dicha instrumentalización requiere modificar sus relaciones sociales económicas,
políticas e ideológicas encaminándolas hacia el ideal del hombre moderno o
sujeto empresario que mantiene relaciones sociales económicas basadas en la
explotación, relaciones sociales políticas basadas en el uso del poder para
someter y dominar, y relaciones sociales ideológicas encaminadas hacia la
manipulación, el adoctrinamiento y la domesticación.
Las
psicologías positivistas en su afán, necesidad y mito de cientificidad y
objetividad abordan al sujeto desde la lógica positivista de las ciencias
naturales cayendo así en una psicología técnica del diagnosticar para modificar
y reparar lo “patógeno” para así hacer del sujeto algo más adaptable,
funcional, eficiente y productivo, mutilando fenomenológicamente
subjetividades, historicidades y ética del deseo del sujeto. Bajo este
paradigma, se aboga por una mirada instrumental y tecnificada de la clínica
psicológica que contribuye a que el sujeto sea visto como un objeto a reparar y
modificar, este proceder es afín con el modelo económico capitalista que busca
formar al hombre moderno que es un sujeto empresario explotado y explotador,
fácilmente adoctrinable, domesticado para fines de eficiencia eficacia y
orientación al logro, altamente productivo, fácilmente adaptable, homogéneo,
optimizado, predecible.
El sujeto empresario lleva extraviada su
subjetividad y con ello se extravía a nivel psíquico y existencial; el malestar
y el vacío resultante de este desencuentro lo liga más a los objetos productos
de consumo con los que imaginariamente cree vuelve a reivindicar su estado de Unicidad
y plenitud, pero este es un sentimiento oceánico[1]
buscado y no encontrado que mueve precisamente su cada vez más su estado de
dependencia y adicción.
Texto escrito por Sergio Iván Vallejo Rincón.
Curso Fundamentos Epistemológicos de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad
Universidad Andina Simón Bolivar.
Docente. Edison Paredes.
Bibliografía
Agazzi, Evandro. «El impacto epistemológico de la
tecnología.» Seminario, El impacto epistemológico de la tecnología. Sevilla,
1997. 17-31.
Chalmers, Alan F. ¿Que es esa cosa
llamada ciencia? Una valoración de la naturaleza y el estatuto de la ciencia y
sus métodos. España: Siglo veintiuno editores, 1990.
Chul Han, Byung. Psicopolítica. Barcelona: Herder,
2014.
Freud, Sigmund. «Biblioteca Libre OMEGALFA.» 1929 [1930].
file:///C:/Users/SONY/Downloads/el.malestar.de.la.cultura.pdf (último acceso:
25 de 10 de 2018).
Imbriano, Amelia Haydeé. La Odisea del siglo XXI,
Efectos de la globalización . Buenos Aires: Editorial Letra Viva, 2010.
Jean, Ladriére. «El reto de la racionalidad.» Salamanca:
Ediciones Sígueme, 1978.
Mattelard, Armand. Historia de la sociedad de la
información. Barcelona, España: Paidós, 2002.
Paredes, Edison. «Fundamentos conceptuales y metodológicos
de la tecnología, la técnica y el método.» Quito: Notas de clase, Octubre de
2018.
Rammert, Werner. «La tecnología: sus formas y las
diferencias de sus medios.» La tecnología: sus formas y las diferencias de
sus medios. Barcelona: Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y
Ciencias, 15 de Enero de 2001.
[1]
El Positivismo considera que la única garantía de Objetividad para que un
conocimiento sea científico es que el fenómeno sea observablemente, verificable,
medible, generalizable. Esta Objetividad se
sostiene en un pensamiento Inductivista (Chalmers
1976) empirista en donde la ciencia es conocimiento derivado de la
observación, es la observación “objetiva” de la realidad concreta lo que
lleva a la construcción de una teoría que da cuenta de lo fielmente observado,
la teoría nace de lo percibido en la observación. Sin embargo, el Inductismo
obvia lo fundamental; la percepción es subjetiva; no es posible establecer
leyes universales sobre el humano sin con ello atropellar sus subjetividades,
singularidades e historicidades; no es posible homogenizarlo, intervenirlo como
se intervienen los objetos de la física, las ciencias naturales y la biología,
lo subjetivo y social operan bajo lógicas diferentes (Paredes 2018).
[2] Hoy llamadas estructuras
paramilitares.

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