HIJA/HIJO PARENTAL: Una carga que parece no tener fecha de caducidad. Cap. III
“El dilema del sentirse responsable de otros”.
Culpa: estrategia y tiranía
en las relaciones
Una hija o un hijo parental
permanentemente se encuentra fluctuando entre una culpa existencial u
ontológica y una culpa neurótica o producto del apego; si asume el rol de hija
o hijo parental y se encarga de procurar resolver, satisfacer, complacer y
atender los dilemas emocionales, económicos y personales de los miembros de su
familia (del padre, de la madre, de los hermanos, u otros de los que se siente
responsable), experimentará una temporal satisfacción narcisista, es decir, su
ego se inflará porque se reforzará el imaginario de lo buena hija que soy, lo
buen hijo que soy, lo buena hermana
que soy, lo buen hermano que soy,
que harían sin mí; este ego inflado
es una ficción del Yo que se desvanece pronto porque justo aparece en su lugar
un sentimiento más hondo y es la culpa existencial o el sentimiento de auto
reproche por haberse traicionado a sí mismo al decir SI cuando en realidad lo
que quería decir era NO, la sensación de no haberse revelado contra una
injusticia o el no haber puesto límites es sentida como una auto traición.
En este caso la culpa existencial o culpa ontológica surge cuando una
persona se anula a sí misma por darle gusto o complacer a otros; el hijo
parentalizado cumple con el rol parental dentro de la familia pero cada vez que
lo hace siente en lo más profundo de sí, que no actuó como quería haber actuado
o cómo le hubiese parecido justo haberlo hecho; al no actuar en beneficio de sí
sabe que actúa en contra de su integridad; esta culpa existencial es el
sentimiento del haberse fallado a sí mismo.
Cuando una persona se da a sí
misma por otros pero de manera desproporcionada, de manera crónica y de manera
incondicional y empieza a sentir que las prioridades de otros empiezan a ser
más importantes que las propias y que se siente responsable de cargar con la
existencia de alguien más a expensas de suplantar y anular sus propias
necesidades, el hijo parentalizado experimenta un desbalance en su equilibrio
psicológico y el malestar emocional subsiguiente le hace reflexionar sobre que
tanto está enfocando su vida, tiempo, dinero y energías a sus propios proyectos
y que tanto está entregándose desmedidamente a procurar llenar las expectativas
y las necesidades de otros que parecen nunca saciarse, nunca llenarse.
Nadie puede asumir una existencia
diferente de la existencia propia, no es posible, asumir esta verdad nos
conduce a la salud emocional y mental, no asumirlo nos conduce a la neurosis y
la enfermedad emocional, mental y psicosomática.
En palabras de Sartre: “El hombre
está condenado a ser libre, porque una vez arrojado al mundo, es responsable
por todo lo que hace y lo que decide”. Y si es así, entonces ¿Por qué delegamos en alguien más, las
decisiones que tienen que ver con nuestra propia vida? ¿Por qué procuramos llevar a cuestas y responder no sólo por nuestra
existencia sino también por las de los demás que bien podrían ellos mismos
asumir y responsabilizarse?
La hija o hijo parental así como
los miembros de la familia con quienes se relaciona desde este rol
parentalizado, experimentan una vivencia distorsionada de la libertad, la
responsabilidad, la autonomía y la independencia, ya que son la victimización,
la dependencia afectiva, la manipulación emocional y el sentimiento de culpa,
los diques que mueven sus relaciones al interior del núcleo familiar.
Hijo parental: un Rol
asignado, un rol asumido
La hija o hijo parental o
parentalizado, puede definirse como un fenómeno psicológico que describe a una
persona que le han asignado y ha asumido el Rol
de responsable del bienestar, la estabilidad y la seguridad emocional y/o
económica de los padres, hermanos y demás miembros del sistema familiar, a
expensas de que esto represente para quien asume el Rol, un sacrificio, una
anulación y una renuncia a priorizarse a sí mismo y su existencia por el deber
y el mandato del priorizar y ocuparse de las existencias de los demás, a través
de la consigna de que estos últimos lo necesitan por estar sometidos en una condición de carencia (cualquiera sea) y aquel que
lleva el Rol parentalizado tiene las condiciones, las fuerzas y la capacidad
para asumir tal carga. Esto distorsión cognitiva hace parte del imaginario que
aquel que lleva el rol de hija o hijo parentalizado.
El fenómeno del hijo
parentalizado regularmente se gesta en ambientes familiares en donde existe
alta heteronomía o alta dependencia afectiva entre sus miembros, la heteronomía
es lo contrario a la autonomía, en ambientes con alta heteronomía parece que no
están muy claros los límites y es ambiguo el establecimiento de roles, tareas,
obligaciones y responsabilidades que a cada uno de los miembros le compete. Principalmente en estas dinámicas afectivas
es común que los padres y los hijos no parentalizados tengan la creencia que el
hijo parental es responsable suplir sus necesidades y carencias (de cualquier
tipo sean), así mismo en el hijo parentalizado es común la creencia de que
sentir que es el responsable y el cuidador de las vidas y el suplidor de las
necesidades de los miembros de su familia. Esto revela el trasfondo de dependencia
afectiva en las relaciones familiares en donde existe aquel que suple y
resuelve las necesidades psicológicas y económicas de los otros, y existen
otros cuyas necesidades son suplidas y resueltas, estos últimos buscan a partir
de un sin fin de estrategias hacer sentir al otro responsable, mientras que el
hijo parentalizado buscar a partir de un sin fin de cargos de conciencia no
defraudar, no desilusionar y no dejar
caer a los otros con sus problemas y dilemas.
Un rol que es como una piel
que no se puede quitar
El rol de hija o hijo
parentalizado al igual que cualquier otro rol que se presente en cualquier otro
miembro de la familia, tiene el riesgo de solidificarse, cristalizarse, es
decir, hacerse rígido e inflexible; el hijo parentalizado se acostumbra tanto
desde la niñez a hacer el papel de un padre para sus demás hermanos y a jugar a
ser el paño de lágrimas de una madre deprimida o el sostén económico de un
padre adicto, que con el tiempo y con las décadas de asumir y vivir y
relacionarse desde este rol parental, dicho rol puede terminar envolviéndolo
tanto que ya no puede prescindir del Rol porque sencillamente no sabe que más
Ser, a esto es a lo que hacemos referencia cuando decimos que el Rol se ha
cristalizado, solidificado, fosilizado volviéndose una estructura rígida que
hace ya parte del carácter y la personalidad del sujeto, de allí que sea tan
inconsciente muchas veces el hijo parentalizado frente a su propio Rol problema
que no logra verlo, percibirlo y si apenas medio intuirlo, de allí también que
sea muchas veces tan difícil para una persona parentalizada dejar de Ser el rol
y querer inventarse otra forma de ser con la familia sin sentirse por ello
hondamente culpable y traicionero para con ellos, de allí la necesidad de una
psicoterapia que acompañe dicho proceso de transformación la mayoría de los
casos nada fácil y de tiempo.
…El texto continúa en el capítulo siguiente

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