HIJA/HIJO PARENTAL: Una carga que parece no tener fecha de caducidad. Cap. IV
“El dilema del sentirse responsable de otros”.
El origen del rol de hija o
hijo parental
Cuando la familia pierde a uno de
los padres por fallecimiento o por separación y divorcio, o cuando el conflicto
en la pareja de los padres se hace insostenible y uno o ambos padres filtran el
problema hacia los hijos buscando apoyo emocional y afectivo en ellos (generando así alianzas compensatorias)
o bien cuando se presenta algún caso de adicción (el alcoholismo y la violencia
intrafamiliar son comunes) o cuando se presenta alguna enfermedad física incapacitante,
una enfermedad mental, una discapacidad o alguna otra situación que representa
amenaza de fragilidad, inestabilidad o carencia importante que amenace el
equilibrio emocional y/o económico del grupo familiar; la familia hace un movimiento en los roles para compensar el desbalance
y mantener en equilibrio del sistema, ese movimiento compensatorio que
realiza la familia ubica en un lugar de responsabilidad y obligación para con el
padre, para con la madre y para con los demás hermanos (regularmente menores) a
uno de los hijos que sea por ser el de mayor edad en relación a los otros hermanos
(aunque esta norma no siempre se cumple) o sea por tener éste una madurez
psicológica que lo diferencia del resto o quizás por ser el más vinculado,
apegado y complaciente hacia los padres, es la idóneo o el idóneo para ser el
hijo parentalizado.
El hijo parental será educado a
partir de una crianza diferente a la de los otros hermanos y hermanas no
parentalizados; por ejemplo el hijo parental normalmente tendrá una crianza más
rígida, disciplinada, intransigente y muchas veces castigadora por parte de los
padres o cuidadores, mientras los no parentalizados estarán bajo una crianza más
laxa, permisiva, condescendiente, justificadora y muchas veces complaciente, y
este desbalance entre los diferentes modelos de crianza que pueden existir al
interior de la familia dependiendo si se trata de un hijo parental o no, marca
grandes diferencias de carácter y personalidad; por ejemplo los hijos
parentalizados se les delega en exceso responsabilidades mientras a los no
parentalizados se les exime y exonera incluso de tareas y deberes que les
vendría bien asumir como por ejemplo arreglar sus cuartos, apoyar con labores
del hogar, sacar buenas notas e inclusive enmendar daños y prejuicios que provoquen
al interior de la casa o en sus relaciones interpersonales y escolares, de todo
esto suele verse que los padres les eximen y exoneran; caso contrario sucede
con los hijos parentales a quienes se les delega más de lo que se debería y se
les suele privar o restringir más las libertades, las comodidades, los derechos
y los privilegios que los no parentalizado si gozan a sus anchas.
Diferencias entre hermanos:
el hijo parentalizado VS los NO parentalizados
Existe una descompensación y
desbalance en la crianza que se imparte al hijo parentalizado Vs la que se
imparte a los hijos no parentalizados, dentro del mismo grupo familiar. Esto se
debe a que los padres perciben tanto al hijo parentalizado como a los no
parentalizados de manera distorsionada y condicionada por sus propios temores,
fantasmas, fantasías y heridas afectivas históricas; con frecuencia suelen
percibir a los parentalizados como más capaces, seguros y responsables mientras
a los no parentalizados como más pequeños, dependientes, desvalidos,
indefensos, necesitados y vulnerables. A estos últimos se les condena al egocentrismo
e infantilismo desmedido aún en la vida adulta y suelen tener complejos de
dependencia afectiva y heridas narcisistas que les hacen pensar que no sólo el
hermano parentalizado sino también el resto del mundo tiene obligación,
responsabilidad y deber para con ellos, esto no sólo refleja en ellos el estado
de confort infantil del cual no quieren salir o no saben cómo hacerlo sino
también refleja inseguridad y una carencia en el sentimiento de auto eficacia,
autoestima y capacidad de orientación al logro, debido a que no les permitieron
afrontar, asumir y enmendar los pequeños impasses y problemas cotidianos de su
propio existir durante la infancia ya que siempre había un hermano o una
hermana mayor que los solucionaba por ellos y existía también una madre o un
padre que no confiaba en que estos pequeños pudieran por sí mismos y sin la
ayuda del hermano parentalizado, solucionar sus propios pequeños problemas; en
conclusión, el tener un hermano o una hermana parental que solucionará, gestionara
y resolviera los problemas de los otros más pequeños, hizo a estos últimos en
extremo frágiles y menos resilientes frente a la vida en la adultez.
Un hecho psicológico que se
ignora es que si en nuestra niñez nos prohíben, nos impiden, nos limitan o
simplemente rehusamos llenos de miedo ante los pequeños impases y reveses
diarios y de esta manera no los encaramos, no se nos anima a afrontarlos y a
hacernos responsables de ello, nuestro carácter flaqueará y simplemente no
tendremos los recursos suficientes en la vida adulta para afrontar los dilemas
y crisis propios de la vida y seremos presa fácil de las adicciones y las
enfermedades emocionales, mentales y psicosomáticas; los problemas de adultos
nos embargaran de tal manera que colapsaremos frecuentemente y será difícil
apropiarnos de nuestro existir sin necesitar de alguien que se encargue de
nosotros y de lo que de nosotros no somos capaces de encargarnos. Estaremos
sumidos en la dependencia afectiva percibiéndonos carentes y necesitando de
otros, desarrollaremos baja tolerancia a la frustración y al malestar, seremos
poco persistentes, poco resilientes y mantendremos en parte de nuestro sistema
psicológico inmadurez e infantilismo que será difícil soltar por el miedo y la
indefensión con la que crecimos.
En esa misma medida, si desde
nuestra niñez el aprendizaje fue el complacer y sentirnos responsables de
resolver las situaciones de una madre, de un padre o de unos hermanos, será muy
difícil que de adultos gocemos de la libertad y la autonomía suficiente como
para hacernos cargo de nuestros propios intereses y deseos sin sentir que con
ello estamos violentando y defraudando a otros; por más resiliente que sea
nuestro carácter, si aprendemos desde niños que la prioridad son los otros y no
nosotros mismos, estaremos igualmente padeciendo dependencia afectiva a modo de
necesitar ser necesitados.
Estas son las diferencias en los
modelos de crianza que regularmente al interior de la familia se imparten al
hijo parentalizado y al no parentalizado. En ambos casos no se maduraron aspectos
fundamentales de la personalidad y del Ser, necesarios para encarar la
existencia con recursos y herramientas que faciliten el bienestar y el
equilibrio personal.
Las diferentes entre hermanos también
permiten observar las inconsistencias e incongruencias asociadas al rol de hijo
parental, al punto de preguntarnos:
¿Por qué la balanza de la responsabilidad y la obligación parece estar tan
en demasía sobrecargada hacia el hermano parental y no hacía los demás hermanos
no parentalizados?
Son todas preguntas que revelan
incongruencias que para el hij@ parental y para los miembros de su familia de
origen, resultan incontestables y que dan cuenta de los elementos inconscientes
de la dinámica familiar o de los automatismos y patrones de relación
condicionados que se han normalizado o se han hecho rutina o paisaje para la familia.
…El texto continúa en el
capítulo siguiente

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