HIJA/HIJO PARENTAL: Una carga que parece no tener fecha de caducidad. Cap. VI



“El dilema del sentirse responsable de otros”.


Imaginarios y manipulación

Los hijos/hijas parentales, regularmente necesitan mantener una imagen de personas autosuficientes, empoderadas y súper capaces ante los padres y hermanos con el fin de mantener el imaginario de hijo/hija parental capaz de contener y nutrir emocional y económicamente al grupo familiar de origen. Mantener esta ficción de hijo/hija omnipresente, omnisciente y siempre capaz de lidiar con el peso de la problemática familiar, se da porque el hijo parentalizado teme defraudar y desilusionar a los que ama y teme ser objeto de crítica por parte de estos, y más teniendo en cuenta que la manipulación por vía del infundir culpa es la estrategia inconsciente y afectiva más usada por los miembros de la familia cada vez que el hijo parental intenta o amenaza con soltar el rol y decidir ya no encargarse más de los dilemas de familiares. El victimismo de la familia puede ir a extremos y llegar incluso a generar enfermedades psicosomáticas que en un principio son auto infringidas y fingidas o ficticias y posteriormente pasan a ser reales y de alto impacto orgánico, todo con tal de mantener a un hijo apegado a la casa, todo con tal de hacerle creer y recordarle a una hija que no puede dejar sola a una madre o que no puede soltar a sí por qué sí sus responsabilidades para con la familia y los que le aman; el ser humano ama, no hay duda en que lo hace pero muchas veces el amor es más apego, egocentrismo y miedo. Esta es justamente la pregunta que deben hacerse los padres, hermanos y demás miembros de la familia frente a la relación que tienen con la hija o el hijo parentalizado: ¿Qué tan apegado, que tan egocéntrico, que tan temeroso soy yo ante mi existir que necesito de un hijo (o un hermano) para que se ocupe y se haga cargo de mí?


Duelo y liberación

Soltar y liberar el nocivo rol parental no sólo mueve y genera un terremoto emocional en aquel miembro que lleva el rol sino también en todo el grupo familiar, ya que dejar de ser hijo parental representa un duelo para el hijo parentalizado que necesita repensar su enfoque ante la vida y reorientar su existencia, dejar de ser lo que ha sido para empezar a hacer otra cosa, esto implica que una parte vieja y nociva de sí mismo muere y otra parte nueva y sana de sí mismo nace; de igual manera para una madre, para un padre, para unos hermanos acostumbrados a que el hijo parental se hiciera cargo de ellos, la renuncia de este hijo parental a su rol representa un impactante duelo para ellos que han de reorganizar su estructura familiar, redistribuir nuevamente los roles y empezar a asumir de manera más madura y responsable las riendas de la propia existencia pese a la inseguridad, el miedo y la indefensión que esto genere; el hijo parental ha de permitirse el duelo que implica el soltar su rol y los miembros de la familia han de aceptar (a veces no sin resistencias al inicio) que el hijo parental ha madurado y han de soltarlo para que pueda reenfocar sus prioridades más allá de las egocéntricas prioridades de ellos.

Una vez el hijo parental es consciente del malestar, sufrimiento y limitación emocional y de la pérdida de libertad y autonomía que le ha generado su rol parental, y aprende a lidiar con el sentimiento de culpa que viene cada vez que su familia hace uso de la manipulación vía el victimismo, dicho hijo parental está a las puertas de liberarse en pro de su salud mental y la salud mental de los que ama; el sentimiento de culpa es el mayor obstáculo para que un hijo parental se libere del rol pero una vez sabe cómo manejarlo y puede distanciarse de este sentimiento para valorarlo de una manera más objetiva y crítica, es capaz de soltar su papel de hijo parental porque la principal estrategia afectiva de la familia que es el victimismo, ya no lo envuelve, ya no lo manipula. De esta manera va entendiendo de desaprobarlos y desilusionarlos es una tarea que es necesario hacer y a la final no resulta tan temible como antes aparentaba, finalmente empieza a darse cuenta que para despriorizar a la familia es sano (incluso para ellos mismos) y que priorizarse a sí misma o a sí mismo era más que necesario y urgente.


El hijo parentalizado va comprendiendo que a la familia no le interesa ni le conviene su emancipación y liberación del rol porque se encuentran en un estado de confort y de economía energética, emocional y económica a raíz de que ha existido una hija o un hijo parental que se ha ocupado de cosas que ellos no se han ocupado y así les ha resultado la vida más fácil y llevadera, este es un factor común y natural a la especie humana; siempre buscamos el estado de economía psíquica y perseguimos la ley del menor esfuerzo, es un función adaptativa de hecho. El hijo parentalizado empieza a observar y comprender y eso le lleva a la enseñanza (en un principio dolorosa) de que la familia no quiere, no le conviene y no facilitará su liberación del rol, antes todo lo contrario, se rebelarán y se exacerbará el victimismo, la dependencia afectiva y la necesidad de infundir culpa, responsabilidad y obligación para con ellos hacia el hijo parental. Esto es algo que el hijo parentalizado debe lidiar, necesita aceptar que está solo y/o sola en esta lucha y en esta revolución, ese el precio que paga por su libertad y por decidir sanarse emocional, mental y físicamente.

El que cada individuo se haga cargo de su propio existir y pueda tomar sus propias decisiones y elecciones con un margen de autonomía significativo, conducirá a la salud emocional y psicológica; caso contrario, cuando la dependencia afectiva, el manipular por vía del victimismo y el infundir culpa son las estrategias de relacionamiento al interior de una familia y eso lleva a delegar a otros las cargas y responsabilidades propias que no se asumen, o se asumen las cargas y responsabilidades de otros que a uno no le competen, llevará tarde o temprano a la neurosis, el malestar psicológico y la enfermedad psicosomática.





Finalmente, no se trata de egoísmos ni de individualismos, estamos en este mundo para compartir nuestra experiencia de la vida con otros y en ese compartir nos apoyamos y nos construimos, pero no estamos en este mundo para cargar con las frustraciones, cargas personales y decisiones de los otros, cada quien tiene una libertad y una responsabilidad frente a su propia existencia, cada quien lleva y debe hacerse cargo de su propia cruz. El rol de hija o hijo parental es un rol que si necesita tener fecha de caducidad.



Texto
Hija/Hijo Parental: Una carga que parece no tener fecha de caducidad.

Escrito por
Sergio Iván Vallejo Rincón
Psicólogo clínico

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