HIJA/HIJO PARENTAL: Una carga que parece no tener fecha de caducidad. Cap. II
“El dilema del sentirse responsable de otros”.
El peso de un rol que
parece no tener fecha de caducidad
La hija o hijo parentalizado lleva
un pesado rol encima (como un
disfraz, como una piel pegada que no puede quitarse), ese Rol es el de encargarse, ocuparse, responsabilizarse y buscar
satisfacer y resolver los dilemas y las problemáticas emocionales y económicas
de los miembros de su familia de origen. Estos miembros de la familia: madre,
padre, hermanos (y demás miembros de los que se pueda sentir responsable)
mantienen una actitud relacional basada en el victimismo, la indefensión, la
inseguridad, la necesidad de ser auxiliados, protegidos y orientados por la
hija o hijo parental, este victimismo
en los miembros de la familia es la cadena emocional que atrapa al hijo
parentalizado quien sufre de culpa cada
vez que no prioriza a su familia por encima de él o que no atiende las
prioridades y necesidades de estos.
Cuando los miembros de la familia se victimizan,
mantienen un discurso basado en la queja, la carencia y la necesidad, infunden sentimiento
de culpa y responsabilidad en el hijo parentalizado, estas son regularmente las
estrategias psicológicas usadas al interior de las relaciones de dependencia al
interior de la familia en donde es normalizado el manipular emocionalmente al
miembro parentalizado ya que “qué puede
ser más importante que la familia y su bienestar” y en razón de esta obvia
justificación siempre valida y presente en el razonamiento del hijo parental,
recurre entonces a dejarse de lado a sí mismo como individuo, anular sus
decisiones y acomodar estas a la aceptación y aprobación de la madre, el padre
y/o los hermanos quienes por obvias y egocéntricas razones siempre avalarán lo
que les convenga para sí o les ayude a mantener el estado de confort en sus
existencias, mientras que por otro lado desaprobarán cualquier decisión del
hijo parentalizado que represente para ellos una amenaza o un cambio inesperado
que los saque de su estado de confort vital o de su status quo y/o que les
pueda perjudicar en términos de gasto emocional o económico, es por esta razón
que regularmente el hijo parentalizado decide y actúa en conformidad con la
aprobación de su grupo familiar desechando todas aquellas decisiones y acciones
que puedan ser útiles, benéficas y significativas para él pero que representen
desaprobación para el resto de los suyos. De esta manera el hijo parentalizado
des prioriza sus propias necesidades, proyectos, deseos y empresas, para
ocuparse de las necesidades, prioridades, deseos y hasta caprichos de los
otros, porque “que puede ser más
importante que la familia y su bienestar” como ya lo hemos mencionado.
Existe una ganancia secundaria
que experimenta el hijo parentalizado, y es que su ego se fortalece cada vez
que se deja de lado a sí mismo para satisfacer las necesidades de otros, lo que
aquí se refleja es que cada vez que cumple
y es obediente con el rol que se le impuso y que ha asumido, se satisface parte
de su narcisismo porque nada mejor que “ser
el buen hijo siempre capaz con todo y al que nunca los problemas de los demás
le quedan grandes… es un gran orgullo ser tan auto suficiente, tan necesitado
por la familia, tan imprescindible para ellos, tan incondicional para una
madre, tan preferido por un hermano, tan único”. De esta forma se refuerza
el imaginario asociado al rol y el hijo parentalizado no sólo queda atrapado
por los otros que le manipulan afectivamente sino también por el mismo que
inconscientemente muchas veces se manipula al sentirse digno de amor, digno de
admiración y digno de ser recordado como el hijo que ha sacrificado grandes
proyectos propios por el bienestar y amor a los que ama. Se puede decir
entonces no sólo los que dependen del hijo parentalizado (padre, madre,
hermanos) son dependientes emocionalmente sino que también el hijo
parentalizado es dependiente, dependiente del ser necesitado por otros,
dependiente del que lo necesiten, y por esta misma vía cae imaginariamente en
el papel de salvador y redentor; y todos saben en que termina uno cuando se
asume salvador y/ redentor de otros, crucificado.
Veamos un ejemplo en que se
observa a una hija parentalizada atrapada en la necesidad de satisfacer las
necesidades de una madre, y la manera como el asumir este rol parental le lleva
a tener incluso que renunciar y anular sus propias necesidades, proyectos. En
el siguiente relato se nombra personajes y situaciones ficticias que sirven de
ejemplo para retratar el fenómeno del hijo parentalizado:
Sol es una
niña de 8 años que cuidaba a su hermana María de 5 años, le vestía, le daba sus
alimentos y jugaba con ella y le ayudaba con las tareas mientras la madre
estaba ocupada en otras actividades, de igual manera Sol le ayuda a la madre
con su otro hermanito Gerónimo de 2 años de edad, Sol le ayuda a cambiar el
pañal, a darle algunos alimentos y a cuidarlo mientras la madre está ocupada.
La madre por su parte, una mujer madre soltera que ha tenido que procurar sacar
sus hijas adelante, por obvias razones ha necesito que Sol (su hija mayor) sea
quien le ayude activamente en el cuidado de sus dos hermanos menores, María de
5 años y Gerónimo de 2 años.
Hasta aquí la
historia se entiende y tiene lógica pese a que una niña de 8 años no debe y no
tiene cómo ocuparse de otros dos seres humanos de 5 y 2 años respectivamente.
Y así pasa el
tiempo, pasan los años, pasan las décadas y ahora Sol tiene 40 años de edad,
María 37 años y Gerónimo 34 años, todos son adultos, todos presentan
cronológicamente una madurez que lleva a pensar que cada quien ahora se ocupa
de sí mismo y se responsabiliza de su propio existir, pero no es así. Aún Sol
destina parte de su salario (pese a que tiene sus propias necesidades
económicas y tiene también un hogar conformado por su pareja y un hijo) para
suplir y compensar el déficit económico que presenta su hermana María (de 37
años) cada mes quien por no tener un manejo responsable de su dinero o
priorizar otras necesidades psicológicas más no esenciales (Jeans de marca,
adornos hermosos para su apartamento, la entrada VIP para el concierto de
música, etc) se encuentra frecuente y crónicamente en déficit monetario y debe
acudir cada mes a su hermana para que le preste dinero (que por supuesto no le
pagará), de igual manera Sol es el paño de lágrimas de María cada vez que
presenta una decepción amorosa o cada vez que se derrumba ante los embistes de
los pequeños problemas cotidianos que la afectan en demasía. Lo curioso del
hecho es que Sol gana menos dinero que su hermana María y que Sol mes tras mes
debe aplazar prioridades personales y familiares por sentirse llamada a
resolver los problemas económicos de su hermana menor.
Cuando Sol se fatiga de
este actuar, llama a la madre en pro de consejo, sugerencia y apoyo pero
encuentra en dicha madre las siguientes palabras: …“Sol, sé comprensiva con tu hermana, ella a veces es derrochona y
adicta a las compras pero está tratando de salir de ese problema … entiéndela,
tu que eres la hermana mayor sabes que es así… seguro ella ya cuando tenga
dinero te pagará lo que le has ayudado… no seas egoísta y no la humilles por
dinero… ayúdala porque ella te necesita… tu eres su hermana mayor”.
Meses después,
Sol tiene una oferta de trabajo muy tentadora que de aceptarla cambiaría su
vida y mejoraría la calidad de vida de ella, de su pareja y de su hijo, Sol
tiene una oferta de empleo en otra ciudad, a 13 horas de distancia en vehículo.
De aceptar este nuevo empleo mejorarán sus condiciones laborales y su pareja
está de acuerdo en que se radiquen allí y puedan ingresar a su hijo a un mejor
colegio y puedan estar más cerca de la playa para disfrutar en familia los
fines de semana. Sol está emocionada pero a la vez aterrada, no sabe cómo va a
tomar la noticia su madre y su hermana, por alguna razón Sol necesita la
aprobación de ellas para sentirse tranquila porque sabe que ellas le necesitan
y que será muy duro dejarlas, pero también sabe que una oportunidad de esas no
se vuelve a repetir y decide entonces contárselo a la madre y a la hermana y
les llama por teléfono.
Primero llama
a su hermana María de 37 años y ella le responde: …“mmmm me alegra mucho por ti, la verdad no sé qué voy a hacer yo aquí
sola pero no importa, vete tranquila, estoy muy contenta por esta noticia, no
me quiero sentir como me sentí el día en que te casaste y te fuiste de la casa,
sentí que perdía a mi hermana y me deprimí cayendo en la bebida por más de un
año, pero no importa, no quiero ni pensar en eso… así como Gerónimo se enlistó
en el ejército y se fue, así mismo tú te irás y nos dejarás a mi mamá y a mí… pero no te preocupes, ya veré que hago… la
verdad hay algo que quiero contarte y es que justo hoy me llegó una
notificación de embargo y desalojo porque no he pagado los últimos 3 meses de
arrendamiento y lo peor es que las cosas en mi trabajo no van bien porque peleé
por mi jefe porque según él yo llego con licor al trabajo, pero no es cierto
eso, igual hermanita no quiero preocuparte, de verdad que te deseo lo mejor y
que seas muy feliz en tu nueva vida mucho más de lo que has sido aquí con
nosotros”…
…Momentos después Sol cuelga el teléfono
sumida en un profundo sentimiento de culpa y en una confusión que le hace
pensar que quizás el aceptar esta jugosa oferta laboral no sea tan buena idea.
Minutos
después Sol llama a la madre para contarle la noticia y la madre le devuelve el
siguiente mensaje: “… hola Sol, si, si,
ya tu hermana me contó que te vas, que nos dejas, que nos dejas al igual que tu
hermano nos dejó, no sé qué decirte ahora la verdad no sé qué vamos a hacer, yo
me siento enferma y debo hacer muchas diligencias administrativas de la casa,
de mis medicinas, de mi enfermedad, y eres tú la que sabes cómo hacerlas,
seguro María no me ayudará con eso porque además a ella no le queda tiempo y
mantiene muy ocupada y tiene sus propias cosas… pero no te preocupes, ya nos la
arreglaremos, esperemos que no me enferme más, igual vete … me dices cuando te
vayas ir para devolverte los víveres y el mercado que me trajiste la noche
pasada, ya no los necesito”.
…minutos
después, Sol cuelga el teléfono, se sume en un llanto profundo y experimenta
tristeza, frustración, ira… llama entonces a su pareja y a su jefe y les
informa que no aceptará la oferta que le han ofrecido. Una vez más, una nueva
vez más, Sol renuncia a sus proyectos, prioridades, deseos, empresas y
decisiones por ocuparse de las necesidades de su familia, una vez más, una
nueva vez más el victimismo, la dependencia y el juego psicológico de su
familia le ha hecho experimentar el muro de ladrillos que la mantiene presa; el
hondo sentimiento de culpa, la prisión del sentir que actúa mal sí decide en
pro de su propio beneficio, la prisión del sentir que anulando algunas cosas de
su vida puede mejor tomar decisiones que beneficien y sean aprobadas por su
madre y su hermana, nuevamente ellas y sus prioridades están por encima de sus
prioridades personales.
El anterior caso es sólo una
muestra de la dinámica que se juega en las familias en las que existe la
problemática de la hija o el hijo parentalizado, cada caso es único y diferente
pero todos mantienen un factor denominador común: la manipulación psicológica por la vía del victimismo y la dependencia
afectiva que mantiene encadenado al hijo parental por medio de una culpa que no
puede romper y que siente cada vez que intenta soltar la carga del
responsabilizarse por las vidas de sus familiares.
Surgen varias preguntas, ¿Por qué el hijo parentalizado debe asumir
las responsabilidades económicas y afectivas de sus hermanos, aun cuando son estos
últimos quienes deberían asumirlas? ¿Por qué los padres apoyan este proceder?
…El texto continúa en el
capítulo siguiente

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