HIJA/HIJO PARENTAL: Una carga que parece no tener fecha de caducidad. Cap. I
“El dilema del sentirse responsable de otros”.
El dilema del sentirse responsable
de otros
El fenómeno psicológico de la
hija o del hijo parentalizado, representa
un rol problemático desde lo relacional y lo emocional que es común en las
dinámicas familiares y que puede afectar considerablemente el desarrollo
psicológico tanto de la persona que lleva este Rol como del núcleo familiar de origen en el que se encuentra
inmerso. Ser hija o hijo parental es un síntoma
familiar en cuyo trasfondo se advierten disfuncionalidades y desigualdades en la asignación de roles,
tendencia a la heteronomía condicionante o en otras palabras relaciones de dependencia emocional
altamente limitadoras, y también pueden encontrarse heridas emocionales
históricas no sanadas que han dejado marcas y han condicionado la armonía y el equilibrio de las relaciones al
interior del seno familiar.
Cada familia tiene sus dinámicas,
formas de comunicación e interacción, mecanismos de afrontamiento y modos de
convivencia particulares y únicos en cada familia dependiendo del carácter de
sus miembros, del rol y papel que ocupen y las situaciones vitales, históricas,
afectivas, existenciales y dramáticas por las que cada familia ha atravesado.
Por ejemplo hay padres que son más dependientes de los hijos y hay hijos que
son más dependientes de los padres, hay madres que han limitado la autonomía,
la decisión y la libertad de alguno de sus hijos y hay hijos que han asumido
que su responsabilidad es velar por estar, satisfacer y suplir toda carencia,
necesidad, deseo y prioridad de una madre; en ese orden de ideas, hablaremos de
una problemática psicológica en donde uno de los hijos (o una de las hijas) ha
renunciado, perdido o extraviado su autonomía y su proyecto personal por ocuparse
del suplir las necesidades de una madre, de un padre y/o de unos hermanos (la
mayoría de veces menores), y en su contraparte, padres y/o madres que se
resisten a vivir el duelo del dejar Ser y permitir que los hijos tomen sus
propias decisiones aunque esto implique que no sean ellos como padres la
prioridad; estos padres presentan un marcado egocentrismo que les hace pensar
inconscientemente que la hija o el hijo parental debe ocuparse imprescindible e incondicionalmente de ellos como padres, o
también puede tratarse de padres que se perciben inseguros, incapaces o
carentes de fuerzas emocionales para suplir a cabalidad su rol, lo que en su
trasfondo releva la existencia de carencias en su desarrollo y madurez afectiva
y/o marcas traumáticas que les han hecho dependientes de los hijos, impidiendo
de esta manera la independencia, seguridad y autonomía de estos últimos.
El fenómeno del hijo
parentalizado es muy común al interior de las familiar y puede afectar de manera
leve, de manera crónica, de manera aguda y de manera un patológica muchas
veces, dependiendo de que tanto limite la
autonomía y la independencia del hijo parentalizado, de que tan dependientes sean las relaciones entre
los miembros de la familia y de que tanto se use la manipulación vía el victimismo y el generar sentimiento de culpa en
el otro como estrategia de relacionamiento y vinculación.
El rol de hija o hijo
parental es un síntoma de disfuncionalidad familiar
Ser hija o ser hijo parental o
parentalizado, es existir en una prisión emocional y relacional al interior de
la familia; la experiencia de la autonomía, la independencia, la seguridad y
libertad para tomar decisiones y asumir la responsabilidad frente a las mismas,
son experiencias que tanto el hijo parentalizado como los demás miembros del
grupo familiar tienen muy limitadas, muy condicionadas y muy manipuladas en los
casos más severos, de allí que la maduración emocional y psicológica quede
detenida porque nos encontramos ante un hijo
parentalizado que se le dificulta tomar sus propias decisiones y de unos
padres que dependen de alguien (del hijo parentalizado) que les resuelva, se
ocupe y se responsabilice de ellos, de la misma manera, los hermanos y hermanas
del miembro parentalizado suelen presentar en la vida adulta algún grado inseguridad,
indefensión, a veces infantilismo, necesidad de dependencia y baja tolerancia a
la frustración, esto debido a que “casi siempre” estos hermanos han contado con
ese buen hermano, con esa buena
hermana siempre tan capaz que se ha ocupado de resolverles cuanta situación
problemática han presentado, ignorando el hecho de que precisamente la
fortaleza de espíritu, la resiliencia y el coraje para sobreponerse a las
crisis de la vida se forja justa y precisamente cuando desde niños nos permiten
y nos impulsan (aunque nos caigamos, ensuciemos y nos duela) a encarar e
intentar resolver nuestros cotidianos impases y situaciones problema; cuando el hijo parentalizado en su intento de
querer resolver y ayudar en exceso en las problemáticas de sus demás hermanos,
finalmente les hace un daño psicológico porque los invalida y anula su
oportunidad para que sean ellos mismos quienes se responsabilicen de sí y
experimenten las enseñanzas cotidianas implícitas en los problemas cotidianos,
de este modo los hermanos y hermanas del hijo parentalizado pueden forjarse “débiles”
y frágiles para soportar los embistes que la vida les traerá en cada una de sus
crisis vitales y naturales a la vida humana en la vida adulta especialmente.
Inconscientemente el hijo
parentalizado sabe que es responsable de la indefensión y necesidad de
dependencia de sus hermanos menores y por ello se perpetúa en su rol parental y
continua lidiando con las vidas y problemas de sus hermanos aunque estos sean
ya personas adultas que se supone deben tomar ellos y ellas mismas las riendas
de su propio devenir y asumir con libertad, autonomía y responsabilidad sus
propias decisiones. La hija o hijo parental, se siente responsable de los que
ama porque conoce su indefensión, lo cierto es que tarde o temprano (entre más
rápido suceda mejor) los indefensos, inseguros y dependientes deben a tomar las
riendas de sus vidas porque es la única condición para que sus vidas puedan
tener sentido, valor, significado y pueda existir salud emocional y mental.
…El texto continúa en el capítulo siguiente

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