Noche oscura del alma
La gran mayoría
de nosotros ha experimentado en algún momento de la niñez, violencia doméstica, violencia intrafamiliar o alguna otra forma de maltrato verbal, emocional,
psicológico o físico al interior de nuestras familias y nuestros hogares en edad temprana.
Estas experiencias
de violencia, maltrato y abandono sufridas en la niñez son difíciles de asimilar y
generan gran conmoción psicológica y emocional porque sencillamente de niños no sabemos cómo digerirlas, cómo asimilarlas, cómo procesarlas, esta
es la razón por la que nuestro sistema psíquico las olvida y las distorsiona como una estrategia de
supervivencia para preservar y proteger la integridad del Yo ante amenazas y sufrimientos afectivos que no tenemos como hacerles frente edades tempranas por nuestra inmadurez psicológica y porque no contamos con los recursos y fortalezas afectivas suficientes para afrontar estas experiencias.
Esta es la razón por la que olvidamos, distorsionamos, reprimimos y evadimos experiencias traumáticas vividas en la niñez, por estrategia y mecanismo de defensa del Yo. Guardamos entonces las experiencias dolorosas en el cuarto oscuro de nuestro ser, atrás bien atrás en nuestras memorias.
La noche oscura del alma de nuestra historia de vida está hecha de retazos de situaciones que no fueron procesadas y que décadas después en la vida adulta se convierten en grandes monstruos al interior de nosotros que con el pasar del tiempo van formando complejos psicológicos y emocionales, distorsionando nuestra percepción y atormentando las dinámicas afectivas y de pareja que establecemos en la vida adulta al punto de llegar inconscientemente a reproducir estos patrones de relación basados en el maltrato, violencia y abandono ahora con nuestras parejas e hijos sin percatarnos obviamente de ello, aumentando así el malestar psicológico y el sentimiento de culpa; recordamos aquello que creíamos superado y que no queríamos por nada del mundo volver a vivir y menos en la crianza de nuestros hijos y en la relación con nuestra pareja; es como si nuestro presente se contaminara de un pasado caótico que no queremos recordar.
Esta es la razón por la que olvidamos, distorsionamos, reprimimos y evadimos experiencias traumáticas vividas en la niñez, por estrategia y mecanismo de defensa del Yo. Guardamos entonces las experiencias dolorosas en el cuarto oscuro de nuestro ser, atrás bien atrás en nuestras memorias.
La noche oscura del alma de nuestra historia de vida está hecha de retazos de situaciones que no fueron procesadas y que décadas después en la vida adulta se convierten en grandes monstruos al interior de nosotros que con el pasar del tiempo van formando complejos psicológicos y emocionales, distorsionando nuestra percepción y atormentando las dinámicas afectivas y de pareja que establecemos en la vida adulta al punto de llegar inconscientemente a reproducir estos patrones de relación basados en el maltrato, violencia y abandono ahora con nuestras parejas e hijos sin percatarnos obviamente de ello, aumentando así el malestar psicológico y el sentimiento de culpa; recordamos aquello que creíamos superado y que no queríamos por nada del mundo volver a vivir y menos en la crianza de nuestros hijos y en la relación con nuestra pareja; es como si nuestro presente se contaminara de un pasado caótico que no queremos recordar.
Los grandes
monstruos que se nos presentan en forma de ansiedades, fobias, depresiones,
insomnios, trastornos psicológicos, alteraciones anímicas y enfermedades de naturaleza psicosomática, son producto de heridas emocionales que no han cicatrizado y que limitan la calidad de nuestras relaciones interpersonales y el disfrute de
nuestra experiencia de salud y de vida actual, por ello es necesario y urgente permitirnos reconocer estas viejas heridas para así procesarlas, re significarlas y hacerles el duelo que necesitan para dejarlas descansar sin que atormenten más nuestros pensamientos, sentimientos, relaciones y proyectos.
No sabemos qué
tan comprometidos y afectados estamos con estas experiencias de violencia, maltrato y abandono del pasado hasta que no caemos en cuenta de lo condicionados que están nuestros pensamientos y de la mucha energía que invertimos diariamente para mantenernos estables y no sucumbir ante los malos recuerdos, los rencores y las culpas del ayer, es una enorme y gigantesca cantidad de energía psicológica la que gastamos cuando tenemos un ayer familiar doloroso.
Se requiere de coraje y decisión para arriesgarse y permitirse contar la propia historia y compartir nuestras experiencias de dolor en una psicoterapia o cualquier otro tipo de orientación terapéutica en donde se necesite volvernos vulnerables y frágiles y reconocer que existe miedo, culpa, ira, tristeza y lágrimas que no podemos llevar más en nuestra memoria y en nuestro cuerpo, empezar a contar estas historias de dolor es empezar a aceptarlas para sanarlas y cicatrizarlas.
La aceptación, el entendimiento, la compasión, el perdón, son los pilares terapéuticos que permiten la elaboración de estos duelos que traen posteriormente la sensación de libertad, amor y salud suficientes para hacernos sentir que la dura travesía por la noche oscura del alma ha valido la pena.
https://www.youtube.com/watch?v=VhrFBMis3ao
Se requiere de coraje y decisión para arriesgarse y permitirse contar la propia historia y compartir nuestras experiencias de dolor en una psicoterapia o cualquier otro tipo de orientación terapéutica en donde se necesite volvernos vulnerables y frágiles y reconocer que existe miedo, culpa, ira, tristeza y lágrimas que no podemos llevar más en nuestra memoria y en nuestro cuerpo, empezar a contar estas historias de dolor es empezar a aceptarlas para sanarlas y cicatrizarlas.
La aceptación, el entendimiento, la compasión, el perdón, son los pilares terapéuticos que permiten la elaboración de estos duelos que traen posteriormente la sensación de libertad, amor y salud suficientes para hacernos sentir que la dura travesía por la noche oscura del alma ha valido la pena.
https://www.youtube.com/watch?v=VhrFBMis3ao
“No sabemos qué tan fuertes podemos llegar a ser
Hasta que no abrimos las puertas de esos cuartos oscuros
En donde moran las sombras y recuerdos olvidados de nuestra niñez,
Bajar a la noche oscura del alma siempre
Es abrir la puerta para evolucionar espiritualmente
Y renacer,
Tal como el fénix que renace de entre el fuego y las cenizas
Tal como el loto que crece en medio del lodo,
tal como los seres humanos somos capaces de sobreponernos a todo”.
tal como los seres humanos somos capaces de sobreponernos a todo”.


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