“Unos sueños que necesitaban escribirse”
El escribir es un arte
que nos puede ayudar a clarificar
los mensajes que
nuestros sueños nos envían,
es un recurso
terapéutico esencial para darle forma, palabra y significado
a la metáfora que son
los sueños.
Unos sueños que necesitaban escribirse, es un texto vivencial motivado
por un par de sueños que dejaron una intuitiva comprensión personal sobre la manera como podemos superar el miedo al fracaso asociado a todo nuevo comienzo y cambio
importante en la vida.
El trasfondo de estos sueños fue intuido
a medida que se escribía este texto, de allí que más que interpretación onírica
de sueños, lo que aquí expongo es una manera de salir adelante superando el
miedo al fracaso.
Tanto el primero de los sueños llamado “Abismos” (tenido la noche del 31 de
Julio de 2018) como el segundo de ellos “sueño
de la limpia” (tenido el 1 de Agosto de 2018), dejaron un mensaje o
aprendizaje que procuró ser descrito términos psicológicos aquí para facilitar
la identificación de los lectores ya que todos hemos experimentado en algún
momento temor al fracaso y no pocas veces este se nos ha mostrado en sueños de
infinitas maneras.
Sueño de la noche del 1 de Agosto de 2018
“sueño de la limpia”
…“me veo en una antigua casa en la que viví
diciéndole a los nuevos residentes que la casa necesitaba una limpia, que yo se
las haría porque sabía cómo, bajé entonces al sótano de la casa y en un rincón
sentí algo oscuro, una presión, algo negativo que daba temor, una energía que
necesitaba limpiarse… al día siguiente volvería para realizar la
limpia”...
Este sueño me hizo despertar esta
mañana de hoy 2 de Agosto de 2018, pensando en que necesitaba adentrarme,
desenterrar algo, ir a mi sótano personal y captar el mensaje del sueño,
desperté necesitando hacer en mí una arqueología interior para hacer una limpia,
saber y reconocer algo importante. Siempre he pensado en los sueños como guía,
espejos u oráculos que dejan mensaje. De allí nació el deseo de escribirlo, por
ello, unos sueños que necesitaban
escribirse es realmente una reflexión sobre el cómo superar el temor al
fracaso asociado a lo nuevo.
El miedo al fracaso nace en
momentos en donde experimentas el inicio de una nueva experiencia o momento en la
vida, una nueva etapa, un final de algo y un comienzo a algo nuevo genera
expectativa, incertidumbre… miedo, ese miedo es miedo al fracaso; pero vale la
pena preguntarse cómo puede existir el fracaso al vivir algo nuevo si ya de
entrada la sola experiencia es ya de entrada positiva y de cambio? ¿Cómo puede
existir el fracaso si todo cambio es aprendizaje y crecimiento personal y
espiritual?
Es una buena pregunta que te hace
pensar que como habitante caminante viajero y nómada de un mundo y de un tiempo
de vida que es prestado, cualquier cambio o experiencia nueva que tengas ya de
por sí es puro crecimiento y positiva experiencia y aprendizaje de
transformación, cambiar es ya ganar. Mantener una apertura a la experiencia es
fundamental para madurar y mantener la apertura suficiente para albergar dentro
de ti a otras vidas de otras personas, sin juzgarlas.
La apertura para reconocer en ti
el temor al fracaso sin juzgarte ni censurarte me evoca esa sabia enseñanza del
budista del no juzgar y aceptar incondicionalmente todo lo que se experimenta y
se vive, aceptación incondicional que lleva al camino de la libertad, la
conciencia y a la paz interior.
Reconocer la presencia del temor
al fracaso de manera consciente es un regalo de aprendizaje, al respecto el
siguiente sueño:
Sueño de la noche del 31 de Julio de 2018 “Sueño de los abismos”
“…estaba en un
carro en movimiento, estaba sentado atrás con mi mamá, adelante una mujer
manejaba y a toda velocidad aceleraba cada vez más mientras tomaba una larga e
infinita curva, yo no entendía porque no paraba de acelerar, el carro se salía
cada vez más de su carril y terminó saliéndose de la curva y a toda velocidad
el carro era despedido hacía el abismo (hondísimo vacío) que quedaba justo al
lado de la vía… me sentí morir mientras caía y dentro del carro en el aire
recuerdo haber pensado “…¿y esto es todo,
ya se acabó esto, esta vida, así termina…? increíble, así es como se siente el último
segundo, la muerte ya aquí…”
…luego de caer
en el vacío hondísimo el carro vuelve y cae retomando el sentido de la
carretera a manera de ¡milagro! ¡Nos salvamos! ¡Volvemos a tocar tierra!, una
vez en la vía yo alzo la voz y molesto ordeno a la que conduce a parar el
vehículo…porque ¡yo me voy caminando!”.
¡Desperté con el corazón en la
mano! literalmente, fue un sueño tan real que había hecho que todo mi sistema
cardiovascular, simpático y endocrino subiera al tope. No pude negar el alivio
inmenso que sentí al despertar y darme cuenta que se trataba sólo de un sueño.
A veces experimentamos menos piso
y seguridad que otras veces, hay veces sentimos amenazado o en riesgo nuestra
seguridad física, financiera, emocional, todas estas seguridades se nos mueven
del piso cada vez que realizamos un cambio en nuestras vidas y es a eso a lo
que tenemos; le tememos a la pérdida de nuestra seguridad básica, sea esta
emocional, financiera o económica, física. Tememos que esas seguridades sean amenazadas
y no alcancemos nuevamente a reafirmarnos y lleguemos incluso a fallar, a
perder, a fracasar. Le tememos al fracaso porque es costoso en términos
emocionales; una experiencia de fracaso puede significar un serio debilitamiento
de nuestra percepción de autoeficacia y logro, puede desilusionarnos frente a
sí mismos y frente a lo que queremos ser para los demás, fracasar puede llegar
a condicionar el patrón existencial de cada quien haciéndolo cognitiva y emocionalmente propenso al
fracaso, y esto sucede cuando una o un par de experiencias de fracaso
llegan a cambiar la manera como la persona se piensa a sí misma y la manera cómo
valora las cosas que le pasan, percibiéndolas e interpretándolas más desde la
desesperanza, el negativismo, la victimización y el auto compadecimiento, estas
cogniciones sin lugar a dudas terminarán generando actitudes de respuesta,
patrones de diálogo interno y condicionamientos más de tipo tóxico que
terminarán por generar, propiciar y crear situaciones en donde el fracaso
parece perseguirse de manera repetida, de alguna manera el “sentirnos y vivir en el fracaso” a la larga trae algún beneficio,
a la larga nos evita algo, a la larga nos hace sentir cómodos.
Para los Budistas el universo
baila al ritmo de Shiva (dios que
destruye el universo) y Visnú (dios
que preserva el universo), esta es una metáfora que describe que el
universo es permanente movimiento, permanente creación / destrucción, permanente cambio, por ello cuando justo
nos sentimos cómodos y estables en la vida es cuando precisamente aparece el
cambio esperado o inesperado y nos pone en una situación nueva y llena de
incertidumbre que nos mueve interiormente, quedamos en situación de cambio y
sobreviene el temor a lo incierto, perdemos nuestro estado de confort y nos
toca sí o sí, reinventarnos.
A lo largo de nuestra vida estamos
en anhelados estados o momentos de confort que son sacudidos por aquello que
llamamos crisis que en sí mismas son retos y oportunidades de cambio y
crecimiento; justo cuando creíamos tener
todas las respuestas es cuando el universo nos cambia todas las preguntas.
El temor al fracaso puede
volverse una energía psicológica condicionante que puede llegar a limitar
seriamente la vida y el despliegue existencial de las personas, no reconocernos
con miedo incluso teniéndolo es empezar a fragmentar nuestra coherencia,
negamos una realidad emocional y esa energía psicológica, química y nerviosa
dentro de nosotros se tensa, se acumula y nos bloquea dejándonos sin
herramientas para afrontar creativa y asertivamente los retos y experiencias
nuevas que se nos presentan, con el tiempo esta tensión psicológica aparece en forma
de inquietud, estrés, malestar, ansiedad e incremento de hábitos compulsivos,
insomnio, erupciones en la piel y somatizaciones diversas, empezamos a
sentirnos fatigados y energéticamente disminuidos en el estado anímico, este
malestar viene acompañado de sentimientos de culpa, distorsiones a nivel
cognitivo en la manera de percibir lo que nos sucede haciendo que tendamos a
tener pensamientos de escases y renuncia anticipada, estos síntomas van
configurando depresiones, auto aislamiento, adicciones y hábitos compulsivos como
recurso para regular la ansiedad y en general un estancamiento importante que
puede conducir a la enfermedad y lo psicosomático.
¿Cómo reconocer el temor al fracaso como parte de la experiencia de
cambio?
Reconocer el temor al fracaso es
fundamental para transformar esa energía en recursos de adaptación positiva a
lo nuevo, para esto tenemos unas etapas:
Reconocimiento y aceptación del miedo. Reconocer el miedo al
fracaso nos recuerda que somos aprendices y que incluso en la pérdida y el fracaso
también es posible madurar y volvernos más sabios, incluso comprender que el
fracaso mismo como experiencia personal tiene un propósito de crecimiento
personal. Parece que el Universo nos regala experiencias para pulir más nuestra
conciencia y nuestro Ser que nuestro ego, y en ese orden de ideas es vital
aprender a aceptar lo que nos pasa aunque no se ajuste a nuestro ideal o
fantasía, la aceptación es la clave para que las cosas empiecen a fluir mejor; no son las situaciones las que tienen que
ajustarse a nosotros sino nosotros a las situaciones (la aceptación permite
que esto pueda darse).
Flexibilidad de pensamiento. Entre más rígidos sean nuestros
esquemas de pensamientos, diálogos internos o patrones existenciales, más
fuerza inconsciente tendrá el temor al fracaso y más sintomatologías se
presentarán porque de entrada la poca flexibilidad o inflexibilidad en nosotros
mismos, hará eludir y resistirnos más a la aceptación y el reconocimiento del
miedo al fracaso como un sentir que está ahí y es real, está inflexibilidad lo
que hará será evadir este reconocimiento, reprimiendo aún más el temor al
fracaso. La flexibilidad de pensamiento nos permite ser más abiertos a aceptar
la necesidad de adaptarnos a las situaciones cambiantes y no perder de vista
que siempre existe un aprendizaje, propósito o sentido en todo aquello que nos
pasa.
Paciencia. Saber esperar es fundamental, todo nuevo nacimiento ha
pasado siempre por un periodo de incubación, una espera, un tiempo, un tiempo
que parece no estar de la mano del ego sino en manos de una inteligencia
universal que no comprendemos pero intuimos, por eso decimos tanto “¡Todo en el
tiempo de Dios!” o ¨¡El hombre propone pero Dios dispone”, sentencias sociales
y cognitivas religiosamente reconocidas en nuestro hablar cotidiano, son
sentencias aprendidas por nuestros orígenes Judeocristianos y Católicos y hacen
referencia al misterio en sí mismo, a
lo incierto de lo nuevo y desconocido pero a la vez a la esperanza de intuir
que las cosas nos saldrán bien a la larga.
Dar tiempo para que la incubación
de lo sembrado germine, es fundamental, ya el tiempo hará lo suyo siempre y
cuando hayamos sembrado algo que queremos nazca. ¿Cuál es entonces tu propósito
aquí en este nuevo proyecto, en esta nueva etapa de tu vida, en este nuevo e
incierto momento? ¿Qué quieres? ¿Qué necesito hacer o a que necesito renunciar
para lograrlo? Todas son preguntas válidas
Arte. Una vez nos hemos preguntado ¿Qué queremos? Empezamos a
desplegar las formas, los vehículos o los medios por los cuales hacer posible
el construir y hacer que pase aquello que queremos pase, nazca o se nos dé. Es
una visualización que empieza a tomar forma a través del arte que nos va
construyendo las herramientas que necesitamos para adaptarnos a lo nuevo que estamos
viviendo e ir superando el miedo al fracaso que al hacerse ya consciente ya no
es una carga psicológica y afectiva perturbándonos desde las sombras, el temor
al fracaso echo consciente nos ayuda a comprender que es preciso darle tiempo
al tiempo para que lo que tenga que reacomodarse lo haga.
Pero, ¿y cómo hacer arte?
El arte es una forma de expresar
lo que estás viviendo por medio de la imaginación y la creación, dos palabras
esenciales, imaginación y creación. La imaginación es aquello que se alcanza
cuando has salido librado del peso del miedo al fracaso, te has descondicionado
y ahora tu mente no piensa sólo en la preocupación sino que libremente empieza
a pensar en otras cosas que no guardan pesos emocionales y así el pensamiento
se hace más libre y surgen de repente las ideas,
ideas nuevas, ideas frescas, nuevas formas de hacer las cosas, nuevas formas de
resolver los problemas o enfocar las cosas, las ideas fluyen y una tras otra van
dándole forma a nuevos pensamientos creativos, pro activos y propositivos para buscar
resolver las situaciones y adaptarnos mejor a lo nuevo, esto es la imaginación.
Una vez contagiados por la pasión
y la motivación de la imaginación, por el deseo con el que vienen las ideas, es
fácil empezar a hacer los cambios de rigor y actuar conforme a esas ideas
imaginadas, empieza la acción y con este las manifestaciones se dan, los actos
se presentan, empiezas a adaptarte mejor a lo nuevo. Esto es acción; esto es
creación.
Cuando leo, cuando escribo,
cuando pinto, cuando camino, cuando observo, cuando corro, cuando canto, cuando
sueño, cuando logro hacer cualquier cosa concentrado, involucrado y metido en
ello 100%, dejo de pensar por un momento de manera temerosa, negativa y hiper
intencionada en aquello que me genera preocupación y estrés, logró así cambiar
de canal mental y con ello se distiende la tensión ansiosa del sistema
nervioso, se regulan los niveles de serotonina, dopamina, oxitocina, etc, mejora
la oxigenación y empezamos a tener un flujo de pensamientos - ideas más
creativos, encontramos ideas - soluciones no esperadas que cuando empiezan a
materializarse estamos justamente dentro del arte, haciendo arte.
En mi caso personal mi arte fue
escribir y desde allí pude entender una serie de pasos para enfocar mi actualidad
existencial comprendiendo que el temor al fracaso hace parte de la experiencia
y que gracias a los sueños citados en líneas anteriores, pude comprender y
encontrar la manera de hacer ese “limpia subterránea”, precisamente se trató de
unos sueños que necesitaban escribirse
para superar miedos a abismos y
entender el significado personal, privado e íntimo que toman los elementos del
sueño.
Sergio Iván Vallejo Rincón


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